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Artículo de opinión

¿Ya no sirve esforzarse?

A raíz de las declaraciones emitidas recientemente por el Presidente de la Nación, quien insinuó “tirar al mérito por inservible” La Asociación civil “Compromiso Ciudadano”, que coordina Aníbal Tosetti, dio a conocer el siguiente comunicado a modo de reflexión                                                              

La frase “Mi hijo el Doctor” era el galardón, la mejor recompensa a la que un padre, una madre, podía aspirar hasta no hace demasiado tiempo. 

Así se formó y engrandeció la sociedad Argentina, con el trabajo sacrificado y generoso de los padres de familia y con la dedicación y el estudio de sus hijos,  que hacían realidad el sueño que sus padres no pudieron cumplir. 

Esto también lo practicaban los sectores desposeídos, que a fuerza de ánimo y afán, llegaban al título universitario para desempeñarse junto con aquellos para quienes era más sencillo llegar por sus mejores condiciones económicas. 

Estudiaban o trabajaban juntos el hijo del profesional, el empresario y el hacendado, el hijo del campesino, del obrero y el oficinista, sin distinciones que no estuvieran marcadas por el desempeño y el esfuerzo, que terminaban por establecer los méritos  correspondientes a cada uno de ellos. 

Muchos ingresaron a la universidad provenientes de hogares humildes, y lo hacían trabajando para así pagarse sus estudios, cosa que actualmente se facilitó -tal vez en demasía- con tantos planes y subsidios estatales que en lugar de fomentar el estudio, fomentan la pasividad, el desgano y la haraganería, madre de todos los vicios. 

La Argentina debe ser uno de los países que más posibilidades brinda al que quiere estudiar, la universidad es gratuita y en la mayoría de ellas ahora ni siquiera hay que rendir examen de ingreso. 

No se discriminaba ni se discrimina a nadie por su condición social, todos eran y son iguales en las Casas de Estudios, aunque fuera del aula cada uno estableciera relación con sus pares. Sin embargo también se construyeron grandes amistades entre hijos de distintos niveles sociales con lazos que fueron de por vida. 

Extraña entonces que el Presidente de la Nación queriendo nivelar, por falsos y errados caminos  las desigualdades que cada vez se hacen más profundas en nuestro país, manifestara frases desacertadas que en lugar de fomentar el deseo de ascensión social, llaman a la nivelación por lo bajo y mediocre, cuando nuestra Patria posee las condiciones para que los más humildes aspiren a mejorar su formación intelectual y aptitud laboral por  las facilidades que se les brinda. 

El primer magistrado de cualquier país es quien permanentemente tiene que alentar a sus conciudadanos y en especial a los jóvenes, a trabajar y estudiar por el engrandecimiento de la nación. Al decir nuestro Presidente que el mérito carece de razón de ser, porque  los pobres por mas inteligentes que sean no tienen oportunidades, está desalentando a que los chicos  humildes se esfuercen, dejando ínsito el camino  de lo ilícito como única forma de obtener lo pretendido. El otro camino sería  depender absolutamente como rebaño, sin posibilidad de disentir,  de subsidios y planes del Estado 

Se hace imperioso fortalecer nuevamente la práctica de las virtudes humanas que van quedando en el olvido, como la responsabilidad, la honestidad, el trabajo, la sinceridad, la generosidad, el respeto y sobre todo la humildad de reconocernos  iguales, como  cuando la palabra tenía valor por el compromiso que significaba.  

El más elemental análisis nos pone en evidencia que estamos sumergidos en una crisis de valores. Valores que no se enseñan y por ende no se practican ni respetan, Tampoco ayuda el mal ejemplo –sin pudor alguno- que se observa en muchos estamentos de las más altas esferas públicas y también privadas. 

Hablamos mucho de valores y ni siquiera sabemos muchas veces de qué estamos hablando, muchos creyentes nos olvidamos de Dios como valor supremo, del respeto a la vida, aún del por nacer, del amor, de la libertad, de la verdad, de la familia, de la dignidad de la persona, de la amistad, del servicio a los demás, del espíritu de sacrificio. En definitiva, del mérito obtenido con el esfuerzo  que hace honor a la persona íntegra y proba.

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Opinión Anibal Tosetti