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FRANCISCO: un profeta sencillo desoído por las sórdidas grietas

Les propongo hablar del argentino que ingresó en la historia de la humanidad. Lo hago tras la publicación de la encíclica que propone un mundo más humano. Condena por igual el fracaso de políticas populistas y neoliberales. Resalto la coherencia de un mensaje que lo muestra "políticamente incorrecto". Motivo para tener defensores y detractores. Desarrolló su tarea sacerdotal en argentina y parece un desconocido. Pasaron 7 años de pontificado y las diferencias domesticas reprimen sus deseos de volver y nos privan de su visita.

 

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La primera invitación es a tomarnos un tiempo y leer completa "Fratelli Tutti". Se trata de las 122 páginas que conforman la encíclica social del Santo Padre. Tienen como objetivo la fraternidad y la amistad social para construir un mundo más justo y pacífico, con el compromiso de todos: gobierno y pueblos. 

Asombra la sencillez con la que Francisco escribe  y el conocimiento de la vida diaria sin diferencias cualitativas. Describe de la misma forma los complejos manejos de la política y la economía y la de cada uno de los mortales que habitamos el planeta. El Papa es aún más sencillo en su encíclica que los voceros que la han presentado luego de su firma en la localidad italiana de Asís. La sencillez de sus palabras es un ejemplo a imitar por todos. Muchas veces tengo la sensación que detrás de un lenguaje elevado no se exhibe conocimientos sino se encubre las consecuencias negativas que caerán sobre la población.

Se trata de una encíclica que interpela nuestro comportamiento como sociedad. Nos pide rever la proximidad con la que nos conducimos frente al prójimo y evitar que seamos «socios de una sociedad de conveniencias individuales«. 

En varias oportunidades pone como ejemplo la coincidencia con líderes religiosos de orígenes diversos. Con ellos comparte denominadores comunes para una mejor vida terrenal. Uno de los ejemplos es el encuentro que mantuvo en Abu Dhabi con el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb referente espiritual de los 1.100 millones de musulmanes sunitas. El líder religioso dijo en las últimas horas: "el mensaje de mi hermano Francisco restaura la conciencia de la Humanidad".

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Si el Papa encuentra coincidencias donde parecería no haberlas, ¿Por qué son tan difíciles de construirlas en un pueblo, como el argentino, que exhibe un origen común?

Estoy convencido que el mensaje de Francisco va en contra del pobrismo individualista y egoísta que algunos esconden detrás de sus criticas. Su Santidad proclama la riqueza, material y/o espiritual, de toda una comunidad. Si el Papa propone el pobrismo no sería necesario tomar sus palabras para lograr tan trágico objetivo. Es la triste realidad que hoy desnudan las alarmantes estadísticas de pobreza e indigencia que golpean a nuestro país y tiene responsables de distintos colores políticos.

El camino al que nos invita el Papa va en sentido contrario a las recetas mágicas que hemos escuchados hasta ahora y sus resultados están a la vista. No advierto en sus palabras un objetivo de igualarnos hacía abajo sino de permanente superación en comunidad y no de manera aislada. Quiere evitar que miles o millones de personas sean arrojadas a la banquina por las políticas que atropellan los derechos fundamentales de las personas y se quieren vender como los espejitos de colores que traían los antiguos colonizadores.

Da la impresión que algunas opiniones se vierten sin haber siquiera leído la totalidad del texto papal. Podría tratarse de un error de buena fe. De todas formas, sospecho que, conociendo el pensamiento del Pontífice, se adelantan para germinar un mensaje de rechazo al ver comprometido sus intereses sectoriales.  De esa manera se forman  visiones sesgadas destinadas a defender objetivos de partes y no de una comunidad. 

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Nunca mejor expresado el refrán bíblico que dice: "nadie es profeta en su tierra". Los argentinos parece que no alcanzamos a conocerlo cuando fue cardenal primado y obispo de Buenos Aires. Nos olvidamos las diferencias que mantuvo con los gobiernos de turno. ¿Acaso no recordamos los Tedeum en las fiestas patrias que se trasladaban a otros lugares del país? El argumento oficial era hacer actos federales pero sabíamos que los funcionarios querían evitar escuchar las críticas homilías de Jorge Bergoglio. 

Cuando fue elegido Papa nos maravillamos con su elección y nos olvidamos que los gestos que enviaba al mundo los había practicado en la Argentina. Desde sus primero pasos como Vicario de Cristo se mostró igual a aquel cardenal que llegó al Vaticano con un simple portafolio para elegir el sucesor de Benedicto XVI. Los argentinos en lugar de ratificar que lo conocemos empezamos a comportarnos como Pedro lo hizo con Jesús durante la pasión del hijo de Dios. Quizás no haga falta contar las veces que cantó el gallo para darnos cuenta que nos olvidamos el cura villero que fue y el religioso de alto rango que viajaba en subterráneo evitando los vehículos oficiales. Estos últimos tan "pegadizos" a los usos y abusos de la dirigencia política y el propio clero.

 Pensamos que Bergoglio se iba a obnubilar con la riqueza del Vaticano y nos olvidamos el nombre que eligió para su pontificado. Si hurgamos en la historia de San Francisco de Asís vamos a encontrar duras críticas a la conducción de la iglesia de aquellos tiempos. Aquel Francisco entendía que la opulencia y riqueza terrenal que exhibía no era la que había predicado Jesús. Al igual que el Francisco de Asís, el de Argentina decidió cambiarla desde adentro y por ello enfrenta fuertes resistencias internas. Pero, como el santo italiano, salta "los muros"  y también nos propone cambiar el mundo.

Sobre la corrupción en Argentina tenemos la sensación que le falta un mensaje mas explicito. Pareciera que olvidamos su condición de líder mundial y su responsabilidad que trasciende las fronteras domésticas. No han sido pocas las oportunidades en las que se refirió a este grave problema terrenal con mensajes contundentes.

Nos enojan las visitas de la dirigencia argentinas que recibe y hasta nos molesta su comportamiento gestual frente a sus invitados provocando conclusiones apresuradas. La fragilidad de memoria que nos imponen los tiempos que vivimos nos hacen olvidar los ejemplos de Jesús a los que esta obligado a transmitir quien ocupa su representación en la tierra. Encontrarse con todos e insistir sobre aquellos que se encuentra en el camino equivocado. Así es como vimos en el Vaticano a personajes sospechados de corrupción en sus distintas modalidades. Pasaron los que han dejado marcas por todos lados y los que utilizaron la vieja modalidad del "guante blanco". 

Nuestra colorida ceguera nos impide ver lo que Francisco ha realizado en la administración del estado Vaticano. Echó y sometió a juzgamiento a importantes cardenales y funcionarios sospechados del manejo discrecional de las donaciones que recibe la iglesia. Solo recordemos el último caso: El cardenal Giovanni Angelo Becciu que debió renunciar tras una turbia operación inmobiliaria. Actos que deben ser ejemplo para la justicia Argentina encargada de aplicar la ley y condenar a los que delinquen. Para ello se necesitan magistrados que se animen a remar contra la corriente. Deben atrapar no solo a los corruptos que han perdido poder sino también a los sospechosos de un gobierno de turno. 

Antes de concluir quiero destacar algunos párrafos de la encíclica papal. En el primero advierte que había tomado «fuerza el anhelo de una integración latinoamericana pero la historia da muestras de estar volviendo atrás. Se encienden conflictos anacrónicos, resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos. La idea de la unidad del pueblo y de la nación, penetrada por diversas ideologías, crea nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social enmascaradas bajo una supuesta defensa de los intereses nacionales«.

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Dice el Papa que el avance de la globalización «favorece la identidad de los más fuertes que se protegen a sí mismos, pero procura licuar las identidades de las regiones más débiles y pobres, haciéndolas más vulnerables y dependientes. De este modo la política se vuelve cada vez más frágil frente a los poderes económicos transnacionales que aplican el “divide y reinarás”.

Un apartado de "Fratelli Tutti" pareciera dejarnos una radiografía del comportamiento de la dirigencia argentina. «La mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante, aun disfrazada detrás de la defensa de algunos valores. Hoy en muchos países se utiliza el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar. No se recoge su parte de verdad, sus valores, y de este modo la sociedad se empobrece y se reduce a la prepotencia del más fuerte. Se afirma algo con las palabras, pero las decisiones y la realidad gritan otro mensaje«.

El Santo Padre también nos advierte sobre «el mundo que avanzaba de manera implacable hacia una economía que, utilizando los avances tecnológicos, procuraba reducir los “costos humanos” pero el golpe duro e inesperado de esta pandemia fuera de control obligó por la fuerza a volver a pensar en los seres humanos, en todos, más que en el beneficio de algunos. Hoy podemos reconocer que «nos hemos alimentado con sueños de esplendor y grandeza y hemos terminado comiendo distracción, encierro y soledad; nos hemos empachado de conexiones y hemos perdido el sabor de la fraternidad. Ojalá no se trate de otro episodio severo de la historia del que no hayamos sido capaces de aprender«. 

No hace falta recordar que Francisco utiliza la tecnología para entender el verdadero sentido de sus palabras. Cabe recordar que esta a pocos días de beatificar a Carlos Acutis. Un joven italiano que transmitía el evangelio a través de las redes sociales y si continúa el camino de la santidad podría ser declarado "Patrono de Internet".

Indudablemente que la última encíclica de Francisco se convierte en un manual de contenidos destinados a aplicarlos y ampliarlos en nuestras comunidades. Al final, solo me queda pedir que los enunciados del Papa se repitan en boca de todos los sacerdotes del mundo. Todavía hoy escuchamos y padecemos sermones que se reducen a repetir varias veces los relatos bíblicos. Sugiero a esos religiosos que relean el capitulo donde el Papa hace mención al daño que produce «el mensaje políticamente correcto«. Se trata de aquellas homilías que al no puntualizar los errores conforman y dan argumentos para defender las estrategias equivocadas de  los gobernantes.

 

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Opinión Carlos Bramante