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¿Comicidad o incitación a la violencia colectiva? El peligrosismo de Daddy Brieva

   Se difundió en las últimas horas, por todos los medios de comunicación, unas expresiones del humorista Dady Brieva, quien dijo -en un programa radial del que es su conductor, refiriéndose a la marcha del 12 de octubre, sobre todo la que se concentró en el centro de Buenos Aires- que tenía “unas ganas de agarrar un camión N1 619 y jugar al bowling por la 9 de julio… no te das una idea”, concluyó.

Dr. Jorge Buompadre

La frase de este señor puede pasar desapercibida para muchos en este país, pero para quienes están preocupados por el respeto de las instituciones de la República (colectivo social en el que me incluyo), entre las que está, ciertamente, al Estado Constitucional de Derecho, no es una frase más, no es una expresión del humor de un Midachi en un teatro de variedades; es una expresión hablada muy peligrosa, pues contiene un mensaje cargado de violencia que, no solamente tiene la potencialidad de llegar a un número indeterminado de personas, sino que también puede hacer nido en la mente de alguna persona y ejecutar lo que el cómico anunció tan sueltamente.

    Frases de esta clase están previstas como delito en el artículo 212 del Código penal, cuyo texto dice: “Será reprimido con prisión de tres a seis años el que públicamente incitare a la violencia colectiva contra grupos de personas o institucionales, por la sola incitación”. 

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Entonces, frente a situaciones de este tipo nos debemos preguntar, ¿por qué estas expresiones -difundidas en el ejercicio de la actividad periodística- configuran un delito?, por cuanto es seguro que algún curioso ciudadano podría observar que acusar a este señor penalmente por las expresiones propagadas por la prensa, son parte de su derecho a la libertad de expresión. La respuesta es, simplemente, porque la prensa no está exenta de responsabilidades -civiles y penales- por la sola circunstancia de ser “prensa”. No se trata de afirmaciones falsas o tendenciosas, ofensivas del honor de alguien (aunque ello pueda ocurrir), que no afectan el interés público, de manera que no merezcan ninguna protección constitucional. Muy por el contrario, las expresiones de este humorista, atiborradas de odio y resentimiento, se enmarcan claramente en una conducta de estimulación, excitación, exhortación, a la violencia -ocultadas bajo el disfraz de periodismo-, en suma “incitación” a que alguna persona lleve a la práctica el contenido violento del mensaje.

    Provocar en la gente para que suba a un camión, lo conduzca hacia una manifestación de personas es, sin duda alguna, una incitación a un acto de violencia.

Se comete el delito del artículo 212 del Código penal, por cuanto este delito es de “peligro abstracto”, vale decir, que no necesita para su perfección que realmente se lleve a cabo lo que el autor incita a hacer al colectivo social, ni siquiera es necesario que se corra el peligro de que ello ocurra. Basta con las expresiones incitadoras a la violencia para que un grupo indeterminado de personas se encuentre, potencialmente, en condiciones de recepcionar y ejecutar el mensaje. Eso es suficiente para el Código penal.

 

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Opinión Dr. Jorge Buompadre