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Columna de opinión

Me avergüenzo de la cosas que pasan en este País

Dr. Jorge Buompadre

Ayer, 20 de octubre de 2020, a las 17 hs. por vía remota dicté una conferencia en un Seminario en el que se trató, como temática general, la usurpación de tierras, el derecho de propiedad y el derecho a una vivienda digna. Hablé durante casi una hora e hice mención varias veces a la violación de los derechos humanos que se producen cuando el Estado no brinda a los grupos de colectivos humanos más desamparados o en situaciones de vulnerabilidad -sumergidos en la pobreza, la falta de recursos mínimos, con necesidades básicas insatisfechas, el hambre, etc.-, el derecho fundamental a una vivienda digna.

  No hago este comentario por hacer saber a la comunidad que di una conferencia. No, no es esa mi intención. Sucede que, ayer mismo, después de mi intervención en el Seminario, pude ver en televisión, en el programa TN Central (Canal 14), cómo en nuestro país -más precisamente, desde el gobierno nacional y, especialmente, en las provincias de Formosa y Chaco-se viola a la vista de todo el mundo los más básicos derechos humanos de ciudadanos argentinos, impidiéndoles el ingreso a la ciudad o el regreso a sus hogares, lugares en donde habitan con sus familias, dejándolos a la buena de Dios, en plena ruta, sin comida, agua, y demás elementos mínimos para la subsistencia, viviendo al aire libre, sin techo, desde hace más de siete meses, sin los más mínimos auxilios de nadie (salvo de algunos vecinos del lugar), a expensas de los rigores del clima, de los animales de todo tipo que pudieren merodear por esos sitios y de fuerzas policiales corrompidas y sometidas al poder absoluto de un régimen gobernante sin límites ni escrúpulos de ninguna naturaleza.

  Estas situaciones de extrema crueldad y barbarie -y de una perversidad inexplicable-, no sólo vulneran el derecho a la vivienda digna de que hablan los instrumentos internacionales sobre derechos humanos, sino también otros derechos fundamentales conectados entre sí, el derecho a la vida, a la integridad física y psíquica, a la salud, los derechos de los niños afectados, a las libertades más básicas, a la dignidad humana, etc, etc.

  Después de ver esas imágenes desoladoras, de gente sumida por la desesperación, el miedo y la impotencia, y de gente mayor, mujeres y niños en total estado de aislamiento y abandono por las instituciones, me sentíavergonzado de haber dado esa conferencia en la que hablé sobre los derechos humanos cuando, ante la vista de todo un país, un Estado ausente estaba violando los más básicos derechos de esos ciudadanos argentinos.   

  Esta es la realidad que se vive en la Argentina actual. A nadie del poder le preocupa semejante y gravísima violación de los derechos humanos. Nadie. Ni el gobierno nacional, ni los gobiernos de Formosa y Chaco, ni los organismos de Derechos Humanos que tanta saliva gastan en sus discursos, ni las Madres de Plaza de Mayo, ni las Bonafini, ni las Carlotto, ni el INADI con las Donda a la cabeza, ni los Grabois, ni ningún dirigente social, ni nuestro premio nobel de la Paz Pérez Esquivel, quienes se rasganlas vestiduras hablando de derechos humanos sin hacer nada por nadie, salvo que sea para la conveniencia de los propios intereses personales y políticos. Pérez Esquivel debería devolver el premio, por vergüenza. 

  Tampoco la clase política hace nada. De ningún color, salvo la queja de algunos políticos opositores al régimen que manda en Formosa desde hace décadas. Nadie, que yo sepa, ha hecho la denuncia ante los organismos internacionales de derechos humanos, para que se declare la responsabilidad del Estado argentino por este atropello a los derechos humanos.

  Se está frente a una cuestión humanitaria gravísima, pero nadie hace nada. Me da vergüenza lo que está sucediendo en este país; me da vergüenza haber dado una conferencia hablando de derechos humanos y ver cómo se violan estos derechos impunemente.

   Tampoco se conoce que la Iglesia católica haya hecho nada. Ningún curapopulista y progresista -de los muchos que hay en todas partes- que tanto hablan de los pobres, fue visto por las cercanías de esa gente necesitada y desamparada. Estos curas atorrantes sólo aparecen cuando políticamente les resulta más conveniente. Ni el Papa, que también tanto habla de los pobres, se hizo presente con algún enviado (de los tantos aduladores que también hay en Argentina). Me da vergüenza (y me duele tener que decir esto, porque soy católico) tener un Papa con estas características (me pregunto si el Obispado de Formosa habrá hecho algo). No creo que Dios esté de acuerdo con la situación que están pasando estos ciudadanos argentinos. Me pregunto si Dios -que algunos han dicho desvergonzadamente que es peronista, pero no aparece por Formosa- hará algo sobre lo que está sucediendo en esta provincia con estos ciudadanos maltratados y golpeados por un régimen al que no le importa un bledo la vigencia de los derechos humanos en nuestro país. Un régimen absolutista cuyos límites se enmarcan en la propia voluntad del monarca, el Rey, el sumo sacerdote, el Ser Supremo, en una concentración de poder nunca vista en la historia política de este país, un país sumido en regímenes que sólo se vieron durante la Alta Edad Media, emulando a aquel Luis XIV que dijo al mundo de entonces “El Estado soy Yo”.

   Argentina ha firmado numerosos Tratados Internacionales sobre Derechos Humanos (basta con leer el artículo 75 inc. 22 de la Constitución nacional para corroborar esta afirmación), pero no cumple ninguno. Es un país que da vergüenza, no sólo a quienes queremos este país sino al concierto de las naciones. Es increíble lo que está sucediendo en algunas provincias. Pequeñas Venezuelas. Poderes absolutos. Estados gendarme, con un gobierno nacional que también se orienta en esta dirección. Todo es posible con un gobierno que se dice populista y progresista, pero viviendo en Recoleta. El mundo civilizado no puede creer lo que está pasado enArgentina, sumida en una crisis social, política, económica, sanitaria, moral, institucional, sin parangón en su historia reciente. Y, ahora, para completar, mostrando al mundo, sin ningún pudor, cómo se violan los derechos humanos.

   Esta es la realidad que se vive en varias regiones de nuestro país. Una vergüenza imposible de ocultar.

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Opinión Dr. Jorge Buompadre