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Columna de opinión

A la defensiva y con defensas de adorno

Mi columna de hoy esta dedicada a nuestro comportamiento ambivalente frente a la pandemia. Estamos en presencia de una enfermedad desconocida. A casi un año de su aparición sigue presentando sorpresa a los investigadores. Nos damos el gusto de debatir y criticar las medidas básicas para evitar su propagación. Y terminamos utilizando argumentos que carecen de sustento científico.

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Debemos preguntarnos si es conveniente comportamos como lo hacemos en cada mundial de fútbol cuando nos convertimos en "técnicos" de la selección nacional. Esta situación es diferente. Nuestros conocimientos no alcanzan para fundamentar la oposición a medidas básicas establecidas para la "nueva normalidad". Nos damos el lujo de utilizar elementos de protección como si fuesen bijuterie de moda. Lo hacemos tras leer un meme o una falsa noticia (fake news) en las redes sociales.

Nuestra posición como provincia sigue siendo privilegiada. De todas formas, es evidente que la posibilidad de un brote mas dañino no esta lejos de ocurrir. Necesitamos mirar lo que sucede muy cerca de Corrientes y utilizar las defensas necesarias. 

No debemos permitir que las medidas sanitarias queden atrapadas en la telaraña de la errática costumbre de politizar nuestras vidas. Lamentablemente las redes sociales se convirtieron en el vehiculo perfecto para confundirnos. Una vez mas podemos cosechar el fruto del fracaso sin darnos cuenta que esta vez no hay demasiadas opciones.

Las excusas han ido variando en los siete meses que llevamos de restricciones. Al principio fuimos víctimas de la especulación. Los precios de algunos productos subieron por las nubes ante la falta de stock. Mas tarde encontramos la manera de fabricarlos caseramente y el mercado debió ceder frente a la abundancia de opciones. Solo mencionemos el ejemplo de los barbijos que hoy los encontramos en promoción y acorde a la moda de cada estación del año y de nuestro artista o club de fútbol favorito.

Entonces aparecieron los que se niegan al uso del barbijo. Se utilizan variados argumentos que se difunden desde el anonimato que otorga una red social. Riesgosamente los desparramamos y terminamos atrapados por extraños intereses que están muy lejos de salvarnos del coronavirus. 

El último festejo masivo (día de la madre) nos puso a prueba y, una vez mas, sacamos una nota regular. Subrayo las palabras del Vice intendente de la ciudad, Emilio Lanari, quien dijo a La Dos: "veo baja la responsabilidad social". 

En Capital tenemos un número variable de casos positivos mientras son cada vez más recurrente los carteles de comercios cerrados por desinfección. Algunos se animan a decir que se debe a casos de Covid-19. Otros, por temor a la ligera condena social, evitan hacerlo. Esto último merece un capitulo aparte pero convengamos que somos rápidos para repudiar el accionar de otro sin argumentos y, mas aún, sin empatía. Condenamos a través de chismes que nos llegan por medio del "teléfono cortado". Nos hacemos eco sin advertir que podemos ser victimas de la misma estrategia. También comienzan a ser recurrentes, en las redes sociales, las despedidas de familiares y/o amigos victimas del coronavirus. De esa forma, desahogamos nuestro dolor pero no aprendemos la lección.

Otra de las defensas que no utilizamos es la globalización informativa. Nos quedamos entrampados en los algoritmos de nuestra red favorita y desperdiciamos la multiplicidad de medios informativos que lo tenemos al alcance de un dedo. Son más sanos los buscadores antes que las nocivas noticias falsas que nos invitan a resistir las medidas de protección contra el coronavirus. Son varios los exdirectivos, de reconocidas redes sociales, que denuncian la dañina manipulación que hacen para propagar intereses que no pertenecen a la comunidad. No es necesario aclarar que estoy a favor de ellas porque se volvieron la voz de los silenciados. Son muchos los ejemplos positivos. Permitieron torcer el rumbo de gobernantes, tumbar "eternas" dictaduras o recuperar derechos laborales vulnerados. Solo los invito a utilizarlas con racionalidad y espíritu crítico.

Los correntinos tenemos ventajas y no las aprovechamos. En un mundo donde la imagen domina la escena parece que tenemos los ojos cerrados. Queremos parecernos a civilizaciones de otras latitudes pero nuestra recurrente torpeza nos impide. Quizás sea una exageración compararnos con Japón pero no deja de ser interesante hacerlo. Casi vecinos de China y con una población que triplica a la de Argentina registran menos de 2.000 muertos. A diferencia de otros que han sido modelo en algún momento, el país del sol naciente no vive un rebrote de la enfermedad y el pico de casos detectados en un día fue de 2.000 infectados a principios de agosto. 

Suenan conmovedores y emocionantes los relatos de familias distanciadas por las limitaciones a la libre movilidad. En la otra cara de la moneda están las que han sido diezmadas por la enfermedad. No necesitamos recurrir a lejanos ejemplos. Algunos los tenemos en nuestro medio y otros en provincias cercanas. Matrimonios con décadas de relación que pierden la oportunidad de disfrutar del merecido descanso tras años de sacrificio. Otros, como el matrimonio cordobés de médicos que  se fueron, de este mundo, luchando contra la enfermedad. Familias que perdieron a un integrante por la irresponsabilidad de otro. Suena duro pero esto sucede mientras nos resistimos a tomar las medidas de prevención.

Vemos hospitales de algunas provincias que trabajan al límite y tienen que dejar a los pacientes en sillas por la escasez de camas de internación. Esta sucediendo en Río Negro y Neuquén. Esta última provincia nos ha mostrado otro ejemplo doloroso. Un director explicó que ante la ausencia de equipamientos adelantaron el final de la vida de un enfermo terminal. Se trata del colapso del sistema de salud que coloca a los agotados profesionales en la incómoda decisión de elegir el paciente con más posibilidad de recuperación. 

Mientras nos enteramos de estas situaciones, muchos están encerrados en la burbuja de su red social preferida. Prefieren manifestarse por la restricción de "sus derechos" antes que proteger el de todos. Alguna vez escribí sobre la necesidad de practicar nuestras obligaciones básicas para respetar los derechos de los demás. Son sencillas de ponerlas en práctica y serían más provechosas para salvar vidas. Incluso podremos ser empáticos con terceros a los que podemos lastimar con nuestro comportamiento individualista. 

Quizás no tengamos que mirar a Japón para darnos cuenta que algo estamos haciendo mal. Hace algunas semanas Uruguay nos maravillaba con los resultados del manejo de la pandemia. Como si fuese un viaje sencillo, algunos medios, nos "invitaban"  al éxodo masivo. Ayer las autoridades del vecino país confirmaron que en verano cerraran sus fronteras debido al aumento significativo de casos de covid-19. Uno de los motivos: el comportamiento de los argentinos. Violan el cumplimiento de la cuarentena obligatoria que rige en el país charrúa.   

Sobran los ejemplos de la falta de apego a las medidas básicas de protección. Ni siquiera hace falta diferenciar por edades. Solo lo hacemos para evitar la responsabilidad que nos corresponde a cada uno. Volvemos a exhibir aquella "bendita" costumbre de buscar culpables para no asumir nuestra irresponsabilidad. 

Cuando logremos frenar la enfermedad llegará el momento de hacer balance y definir el acierto o error de las medidas adoptadas. No se trata de volver a encerrarnos en nuestros hogares sino de cumplir con las medidas básicas de la nueva "normalidad social". La economía necesita reactivarse y todos debemos recuperar la rutina. Para eso debemos evitar los comportamientos riesgosos. 

Parece increíble que todavía tengamos que insistir con medidas básicas de protección. Ante su ausencia, apliquemos la condena social. No compremos en un lugar donde no usen barbijo. No subamos a un remís cuando la empresa no toma los recaudos básicos de protección. Dejemos pendientes el trámite en una oficina, pública o privada,  que no cumple con los protocolos establecidos. Denunciemos su incumplimiento. 

Por lo expuesto, sostengo que preferimos estar a la defensiva en lugar de poner en práctica las defensas que no necesitan un engorroso manual de instrucciones para entenderlas. Tuvimos suficiente tiempo para aprender las nociones básicas que eviten la propagación de la enfermedad. Hoy no podemos escudarnos en la típica frase: "no sabía". Estamos avisados y a tiempo de evitar que la tragedia sea peor. No desaprovechemos porque se van terminando las bolillas del bingo de la vida al que tristemente nos sometemos. 

Dejemos los caprichos para otro momento y ayudemos a salvarnos entre todos. No le demos oportunidad a la enfermedad para que nos siga arrancando nuestros afectos. Después puede ser tarde y el recuerdo permanente con bonitas frases en Facebook no alcanzará para calmar nuestro dolor y absolver nuestras culpas… siempre y cuando tengamos la suerte de conservar nuestra vida. 

Es preferible perdernos un cumpleaños antes que perder nuestra vida o la de los afectos. El trabajo y los movimientos básicos para la subsistencia humana no serían responsables del avance de la enfermedad. Muy por el contrario, nuestra vida de ocio es la que puede agudizar la tragedia. Cuando pase el coronavirus tendremos oportunidad de retomar nuestros hábitos de distracción. Allí volveremos a estrecharnos en esos abrazos que curan "heridas" y se transforman en el combustible que nos fortalece como sociedad. No es tiempo de egoísmo. 

Aprovechemos la sobreabundancia de información para armar nuestro escudo protector. Pongámonos en defensa y no a la defensiva de "otros males" que, algunos malintencionados, quieren hacernos creer. Para tarea en la casa les propongo que  reflexionemos sobre la esperada vacuna porque comienzan a aparecer mensajes en contra. Recordemos las consecuencias nocivas de los movimientos antivacunas. Volvieron enfermedades que estaban erradicadas luego de causar estragos en la población mundial. 

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Opinión Carlos Bramante Pandemia