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Columna de opinión

No volvamos a olvidar y ser indiferentes

Hoy se recuerdan dos años del hallazgo del submarino Ara San Juan. Hace dos días se cumplieron tres de su desaparición en el Mar Argentino. En esas frías aguas dejaron su vida 44 argentinos con sueños arrancados por la fatalidad: ¿fortuita o provocada? A sus familiares les cuesta conocer las razones que llevaron a la tragedia. Y la sociedad en general comienza a dejarlos solos en el reclamo para esclarecer lo sucedido. Otros antecedentes son ejemplos de nuestro comportamiento. No permitamos que la impunidad borre la memoria de nuestros héroes.

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Para el título también podría utilizar el término indolente. No lo hago porque considero que en el momento de ocurrir todos los argentinos sentimos sentimos dolor ante la noticia. En esta oportunidad me refiero al olvido colectivo que cometemos con el paso del tiempo y en el que caemos recurrentemente. Como sociedad debemos reclamar que la justicia y el resto de los sectores involucrados colaboren con el esclarecimiento del hecho. Deben hacerlo con transparencia, celeridad y respeto por las víctimas de nuestra nave insignia.

El acontecimiento que recordamos podría tratarse del más anhelado por las familias de los tripulantes del submarino y los argentinos en general. Durante días y semanas seguimos con atención la conferencia diaria del vocero de la Armada. Unos meses después se desvanecía la esperanza de encontrarlos con vida. La sociedad empezaba a desatender las noticias, pero los familiares mantenían vigente la ilusión de saber donde quedaron los restos de los custodios del Mar Argentino.

Hago hincapié en esta jornada porque, a partir de la desaparición y hasta el  hallazgo del submarino, ocurrieron innumerables situaciones: sospechosas, negligentes, contradictorias e incluso el destrato de funcionarios a familiares de las víctimas. En los últimos quiero centrar mi atención. Todos debemos evitar que la indiferencia y la falta de memoria vuelvan a escribir otro capitulo en el libro de los casos impunes.

Salvando las diferencias, comparo lo vivido por los excombatientes en Malvinas con la falta de certeza sobre lo ocurrido con los marineros del Ara San Juan. Muchos de nosotros somos contemporáneos al conflicto bélico sucedido en el archipiélago atlántico. Recuerdo la felicidad circunstancial de un pueblo frente a la mentira de la dictadura más atroz que vivió la argentina. Cuando fuimos consientes de la derrota miramos a otro lado mientras regresaban nuestros héroes. Volvieron amontonados en trenes y camiones que los llevaron como ganado a sus lugares de origen. Con el paso del tiempo nos enteramos las torturas a las que fueron sometidos aquellos jovencitos sin preparación para la guerra. La causa en la que se investigan esos delitos de lesa humanidad se mueve muy lentamente. Al ritmo de los tiempos políticos y a 38 años del enfrentamiento.

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Nosotros somos responsables que eso suceda en nuestro país. Nuestra preocupación circunstancial solo beneficia a los investigados y acusados. Cuando el olvido se apodera de la sociedad, y se convierte en aliado del paso del tiempo, otorga el triste "beneficio" de la impunidad.

También somos responsables porque al dejarnos llevar por las innumerables versiones generadas y fogoneadas por actores de la perversa grieta política. Ella se encarga de surcar nuestros pensamientos y contribuir a la confusión que nos saca del eje de los acontecimientos. No podamos discernir lo sucedido y acalla el reclamo de justicia. No volveré a referirme al funcionamiento de esta última. Lo hice en oportunidades anteriores y forma parte de las deudas del sistema republicano de gobierno. Solo recuerdo que cada dos años tenemos la enorme responsabilidad de elegir a nuestros representantes.

Todos sabemos que el paso del tiempo es el mejor aliado para quienes cometen hechos delictivos. Las pruebas desaparecen y los casos se vuelven impunes. Por eso nuestra indolencia colectiva se convierte en "aliada y/o cómplice" de los delincuentes. Es ahí cuando los familiares se sienten solos en la búsqueda de verdad y justicia. Tuve la oportunidad de visitar la Fragata Sarmiento en julio de 2018 mientras se encontraba abierta al público para las vacaciones de invierno de ese año. Sucedía en pleno Puerto Madero (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) cuando aún no se conocía la ubicación del navío siniestrado. En ese lugar emblemático de la capital del país se encontraban las cadenas, candados y pancartas de los familiares que protestaron semanas antes en Plaza de Mayo para que no se abandone la búsqueda del Ara San Juan. Era llamativo como las personas, que no eran pocas, pasaban con desinterés por la manifestación que se encontraba frente a sus ojos. Había turistas extranjeros a los que veía mas interesados en conocer los motivos del reclamo. 

Me temo que, para esa época, a solo 8 meses del hundimiento, ya comenzaba a hacer efecto la "anestesia" que solemos "inyectarnos" los argentinos. Los familiares comenzaban a sentir la soledad y la indiferencia que devolvemos ante hechos que en algún momento nos indignaron. 

En los últimos meses nos hemos enterado de situaciones ocurridas que deben ser investigadas con precisión por la justicia. Las sospechas no son pocas y los funcionarios (civiles y militares) sobre las que recaen ocupaban cargos importantes en relación a lo sucedido. Por eso los homenajes son merecidos y sirven para tener presentes a las victimas, pero no alcanzan para elaborar el duelo que viven los familiares. 

Estos últimos realizan esfuerzos significativos para cumplir el objetivo de hacer justicia. Sus vidas son afectadas: física, emocional y económicamente. Solo menciono como ejemplo a uno de los padres de los tripulantes del submarino. Luis Tagliapietra dejó de trabajar y vendió dos automóviles para dedicarse exclusivamente a buscar a su hijo muerto y saber qué pasó. Aquí es donde todos tenemos la responsabilidad de acompañar a los familiares de las 44 víctimas si de verdad nos consideramos una sociedad empática. 

Los objetivos que debemos mantener en la memoria son: saber qué pasó, cómo sucedió y que se castigue a los responsables. Cierro mi columna con una frase de Isabel Vilca, hermana de Daniel Alejandro Polo (cabo primero de 32 años): "tengo miedo que el Ara San Juan se transforme en otro trofeo para las vitrinas de la impunidad". Todos tenemos la responsabilidad de evitar que eso ocurra. Tristemente son muchos los hechos que forman parte de esa vitrina a la que algunos quieren polarizar y nosotros debemos evitar que se ni siquiera se empañe. 

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Opinión Carlos Bramante