Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.radiodos.com.ar/a/70662
Columna de opinión

Crisol de razas: solo una poética utopía

La despedida a Diego Armando Maradona dejó varias lecturas sobre el comportamiento de los argentinos. Más aún sobre el uso que les damos a las redes sociales. Las convertimos en vidrieras de nuestros pensamientos ocultos. Me incluyo porque alguna vez fui crítico de los actos extradeportivos del ídolo. También agrego lo sucedido con la publicación de un mensaje xenófobo y antisemita de una joven alumna de la UNNE. En el combo no debemos obviar las expresiones vertidas por deportistas, actores, humoristas e influencers.

Bramante 1.jpg

Es cierto que en muchos países, de los que consideraríamos mas avanzados, existen rebrotes discriminatorios y xenófobos. Deberíamos tener en cuenta que son naciones con una raíz cultural única a diferencia de la argentina que ha crecido y desarrollado a partir de diversas olas inmigratorias. Pareciera que en las ultimas décadas dejamos de lado uno de los compromisos asumidos en el preámbulo de la Constitución. Invitamos selectivamente a los habitantes del mundo y somos críticos de los inmigrantes de países vecinos y también de algunos más lejanos.  

El color de piel sigue siendo uno de los principales actos discriminatorios. A veces lo decimos sin intención o creemos hacerlo con humor sin darnos cuenta el efecto que producen nuestras palabras. Muy diferente es cuando lo expresamos a través de las redes sociales donde creemos estar protegidos por el anonimato. Allí nos comportamos como si estuviéramos delante de la puerta de un baño público. Sino miremos las expresiones vertidas por los jugadores de rugby que hoy justifican con la inocencia de su adolescencia. O una influencer famosa que busca disculparse de sus publicaciones con el argumento de cosechar seguidores. 

Esta última nos conoce a los argentinos y sabe que vamos a reaccionar a favor porque nos sentiríamos representados por sus publicaciones. Es la otra forma artera de comportarnos en la vida. Buscamos voceros de lo que no nos animamos a decir o hacer en público. Nos convertimos en terreno fértil para la siembra de semillas que descontroladamente producen frutos amargos como los hemos visto en los últimos días. 

También es cierto que perdimos el humor y muchas veces nos ofendemos fácilmente. Quizás sea parte de esta etapa de transición y aprendizaje que atravesamos hasta acomodarnos en los nuevos tiempos. De todas formas, la risa tiene maneras de expresarse y podemos emitirla cargada de animosidad como reflejo de nuestros pensamientos íntimos. Explotamos de risa porque coincidimos con esas expresiones y queremos que la persona, de la que es objeto el chiste, se entere que nos estamos riendo de ella. 

Por eso digo, a través de estos sencillos ejemplos, que el crisol de razas sigue siendo una bonita utopía expresada en slogans de campañas políticas. Y también se trata de la mejor frase para disfrazar nuestros pensamientos íntimos. De la misma forma que en determinadas ocasiones nos mostramos solidarios solo para esconder nuestra conducta individualista y carente de empatía con el semejante. 

Nuestro rico folclore argentino, a través de sus distintas ramas, homenajea a los forasteros. La xenofobia es casualmente el miedo, la indiferencia y la falta de afecto hacía el forastero. Pregunto: ¿nos dimos cuenta que hacemos diferencia entre forasteros? Algunos son bienvenidos y otros discriminados. La mayoría de los argentinos nos jactamos de llevar sangre forastera por nuestras venas pero nuestros actos parecen tener la habilidad de un banco de sangre. Separamos y elegimos la que coincide con nuestros pensamientos. Así es como, muchos de nosotros, preferimos hundir las raíces de nuestros antepasados aborígenes y solo dejamos aflorar las que han crecido en otros continentes. Cabe recordar que todavía escuchamos comentarios relacionados al color de piel, de cabellos y de ojos cuando nos referimos a niños recién nacidos. Algunos olvidan sus orígenes por haber nacido con los colores de su preferencia. Otros dejan de recordar su color original y despectivamente se expresan sobre personas muy parecidas a sus condiciones. 

De todas formas considero que estamos en presencia de una nueva sociedad. Es el momento de no perder el rumbo ni dejarnos llevar por los que se resisten a los cambios. Podemos vivir en un ámbito de interculturalidad como nos propusieron los Padre de la Patria. Y también debemos recordar que la discriminación por el color de piel no golpea únicamente a los inmigrantes sino también a muchos compatriotas. Y es necesario recordar que la lista de ejemplos es amplia y con situaciones aún mas peligrosas y dañinas. 

Por eso sostengo que el crisol de razas que dio origen a la Argentina sigue siendo un slogan de ocasión para esconder actos xenófobos y discriminatorios. Nacemos y nos criamos en la pequeñez de nuestros hogares sin la apertura necesaria para recibir y convivir con personas diferentes a nosotros. Incluso hay oportunidades en las que nos mostramos más comprensibles con las mascotas que con nuestros semejantes. Aunque también buscamos un determinado color de pelaje. Acto que pareciera convertirse en reflejo de nuestros pensamientos. Solo basta ver el color mayoritario de perros y gatos abandonados. Incluso podemos consultar a las organizaciones dedicadas a rescatar mascotas abandonas para saber cuales son las mas solicitadas al ser ofrecidas en adopción. ¿Nos detuvimos alguna vez a mirar el color mayoritario de los gatos abandonados en la costanera de la ciudad de corrientes? Quizás en ese sencillo ejemplo comencemos a encontrar una explicación a los brotes discriminatorios que se han acentuado en los últimos tiempos. Parece un extremo pero refleja la ilusión de una raza superior que algunos mantienen oculta. Al igual que con los animales querrían hacerlo con los humanos.

Mientras toda la sociedad argentina no reconozca sus comportamientos discriminatorios y xenófobos el crisol de razas seguirá siendo una meta para alcanzar. La solidez de los avances se notará cuando nuestros actos vayan de la mano de nuestros pensamientos. Entre otras cosas, no tendríamos que necesitar acomodarnos al discurso políticamente correcto para evitar ser excluidos en determinados ámbitos. 

Temas en esta nota

Opinión Carlos Bramante