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la fe atravesada por la pandemia

Itatí celebra su 405 aniversario con la fe intacta en la Virgen para enfrentar al coronavirus

En la víspera del Día de la Inmaculada Concepción, el pueblo vive momentos de angustia en un año para el olvido. El duro testimonio del sector más golpeado por la pandemia.

Pasillos desérticos en el sector de puestosCrédito: Mariano Vallejos

“Esto generó mucho miedo, pero yo no tengo. Tengo mucha fe”, así se despacha una puestera mientras acomoda sus productos en el paño. Vende bijouterie, aritos, rosarios y pines de la Virgen de Itatí y el Gauchito Gil. Es domingo, un día en el que habitualmente no se puede caminar por la calle 25 de Mayo, a escasos metros de la Basílica, más si se trata de la previa del Día de la Inmaculada Concepción de María. Pero no, la pandemia nuevamente muestra su peor cara.

Catalina, la puestera entrevistada, ruega a la Virgen que puedan entrar los turistas. El tiempo apremia y las ventas no mejoran. “Ya no alcanza. Y hay que pagar los impuestos, recibimos boletas todos los meses y ni agua tenemos”, lamentando el pésimo servicio de la Comisión Vecinal de Saneamiento (COVESA). 

Sin embargo se apoya en la fuerza en Mamá María en esta época: “Somos hijos del pueblo y vamos a probar por la fiesta de la Virgen”, confía.

Otro vendedor se acerca al extraño cronista a ofrecer su producto: plumas de cabureí de la buena suerte. “Estoy rogando. Tengo 55 años y me dieron un solo IFE. Me quedó solo la tarjeta. Cuando hay turistas, los mando a una parrilla y me dan una propina. Vivo Hoy las plumas por ahí me salvan”, cuenta y tienta mencionando que su mercadería tiene los números ganadores de la lotería.

Itatí se prepara para una celebración nunca antes vista. El 8 de diciembre, junto con el Día de la Coronación Pontifica son sagrados y también claves para la economía local. Son los días de mayor actividad para puesteros, hoteleros, gastronómicos y comercio en general, sin mencionar los empleos indirectos de la industria de la fe.

El desfavorable contexto hizo reforzar la fe en Dios y la Virgen y también perder el miedo al coronavirus. “Todos los días abro y algo se picotea para salvar la mañana pero casi nada. Pero lo que más tristeza nos dio fue el 16 de julio, nos daban ganas de llorar”, relata una vendedora de licuados frente a la Basílica mientras abre una lata de duraznos. 

Los yuyos abriéndose camino entre las ventanas  Foto: Mariano Vallejos

A pesar del panorama desértico, algunos gastronómicos abren sus puertas. No quieren dejar caer sus locales. Al lado, las parrillas bajo rejas y candados, radios empolvadas y bebidas en heladeras desenchufadas. "En 8 meses tuvimos una sola mesa", cuenta Pablo, trabajador de una parrilla, mientras apunta a la ventana que ha sido invadidad por la tierra y la vegetación. "Tuvimmos que consumir la mercadería stockeada, si no, se vencía", agrega.

Sobre la calle Obispo Niella hay varios alojamientos. Allí duermen generalmente promeseros de bajos recursos, los que vienen con lo justo. “Generalmente vienen chaqueños santafesinos. Vienen cumplen su promesa y se quedan un par de días”, cuenta José, el dueño del hospedaje Loma Guazú. Enseguida recibe la consulta de un peregrino sobre el hisopado que a partir de este domingo deja de ser obligatorio. “Todo tiene su riesgo, hay que acostumbrarse”, agrega. 

Un parrillero mostró el desolador panorama de su localFoto: Mariano Vallejos

El 7 de diciembre, Itatí celebra su 405 aniversario de manera virtual y con algunas actividades reservadas a los locales. Desde el Municipio apoyan mayor apertura y flexibilidad. Entienden que es el camino de la nueva normalidad, siempre dentro de los protocolos sanitarios recomendadados.

En una fecha atípica en la que coronavirus, pandemia e hisopados se hicieron tan y hasta más habituales que si “Dios quiere y la Virgen”el pueblo, sus hijos, nunca dejan de encomendarse a ella para superar esta adversidad.