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Columna de opinión

Agrotóxicos: la "pandemia" silenciosa

Se realiza en Goya un nuevo juicio a un productor tomatero. El primero decepcionó tras la absolución del acusado. Se investiga la muerte de un niño de cuatro años en Lavalle. Planteo la necesidad de promover una agroganadería sustentable para la tierra y el bienestar humano. La presencia del estado a través de sus órganos de control. La necesidad de profesionales e investigaciones científicas que eviten productos nocivos para la salud. Se requieren incentivos económicos para reconvertir los emprendimientos sin las condiciones adecuadas.

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Corrientes se encuentra viviendo un momento particular ante la realización del juicio a un productor tomatero en el Tribunal Oral Penal de Goya. Es la segunda oportunidad que llega a esa instancia luego de un primer juicio donde los magistrados absolvieran al acusado. Tanto la fiscalía como la querella recurrieron al Superior Tribunal de Justicia que ordenó la realización de uno nuevo. Durante el primero estuvimos en presencia de un hecho histórico para una problemática que se presenta a lo largo y a lo ancho de Argentina y el mundo. El resultado, en aquella oportunidad, decepcionó a quienes luchan para frenar los efectos de las fumigaciones masivas y desaprensivas que realizan los productores. Hoy la justicia se encuentra en una nueva instancia decisiva para resarcir aquel frustrante resultado de 2018.

La causa comenzó en 2011 tras la muerte de un niño de cuatro años en la zona de Lavalle. Mientras tanto una niña de cinco sobrevivió a la tragedia pero sufre las secuelas de la intoxicación que la llevó a una prolongada internación en terapia intensiva. También es importante recordar otro caso que aún espera avances en la justicia provincial. La muerte de la nena de doce años en Mburucuyá tras consumir una mandarina contaminada con agrotóxico. Hace mucho tiempo se venía advirtiendo las consecuencias nocivas del producto utilizado para la fumigación. De todas formas, se siguió usando y las frutas contaminadas fueron desaprensivamente arrojadas al costado de una ruta en aquel departamento de la provincia. 

No se trata de condenar al sector productivo sino de advertir el manejo irresponsable que realiza con productos tóxicos que no tendrían que ser utilizados o debería hacerlo responsablemente. Todos sabemos lo necesaria que es la agricultura y la ganadería para la economía y la vida humana. Mas aún cuando los profesionales de la medicina prescriben mayor consumo de frutas y hortalizas. Debemos buscar el equilibrio entre el combate a las plagas que atacan a cultivos y productos no contaminados por la acción del hombre. 

A lo largo del mundo se conocen las consecuencias de fertilizantes que se han prohibido. La Argentina aún no lo hizo o recién adoptó las medidas necesarias tras el sufrimiento de personas afectadas. No solo se trata de la muerte como ocurrió en los casos mencionados en esta columna. También debemos advertir la acumulación de productos tóxicos en el organismo de las personas. Esta situación ocasiona patologías difíciles de ser tratadas  por la medicina y dejan importantes secuelas. 

Por ello las autoridades deben estar activas y presentes en las extensiones agrícolas y ganaderas para controlar el uso de los productos agroveterinarios. Deben llevar adelante capacitaciones permanentes y testeos periódicos. Se trata de cuidar el bienestar de las poblaciones rurales y sus trabajadores pero también el de los consumidores. 

En distintas zonas del mundo se trabaja con la agroecología tanto para autoconsumo como también en gran escala. Su objetivo es la resiliencia ecológica y la transformación de alimentos seguros para el consumo humano y sustentable para nuestra casa común: la tierra. Mientras los nutricionistas recomiendan aumentar el consumo de frutas y verduras, y sin discutir precios, pareciera que, tarde o temprano, van en contra del bienestar de la población. 

Es importante señalar que existen medicamentos agropecuarios habilitados y por eso es necesario el rol del estado. Debe garantizar el uso responsable bajo las medidas de seguridad recomendadas y con los tiempos de cosecha sugeridos para evitar la contaminación de los productos que se van a consumir. 

También es importante el papel que cumplen los ministerios de la producción (nacional y provinciales) a la hora de reconvertir la producción agrícola. Se necesitan capacitaciones que vuelquen conocimiento a los productores para aumentar los volúmenes de producción agroecológica. Y hacen falta incentivos para alcanzar la reconversión de las grandes extensiones agrícolas. 

Hoy la oferta de frutas, verduras y carnes orgánicas es casi inexistente. Por ello solo puede conseguirse a precios prohibitivos para la mayoría de los hogares argentinos. Sería interesante que comencemos a observar como hacen otros países del mundo, algunos no tan lejanos a la Argentina. Están desandando el camino de la producción intensiva bajo el uso de productos químicos nocivos para el medio ambiente y la población en general. También es fundamental la investigación científica y el acompañamiento de los profesionales dedicados al sector agroganadero. Son los encargados de mejorar la producción para asegurar rentabilidad a los productores. 

Resulta llamativo lo que sucedió en los últimos años con frutas y hortalizas cuyo aroma y sabor los convertían en delicias de cualquier paladar. Hoy observamos productos, modificados genéticamente o bajo otros procesos de laboratorio, que tienen mayor durabilidad en las góndolas pero son insípidos al degustarlos. Incluso se presentan apetecibles a la vista pero una vez llegado a casa nos encontramos con un estado avanzado de pudrición que ocasiona pérdidas en los ingresos familiares. Además, se nota que no alcanzan el punto óptimo de maduración cuando son cosechados para su venta. Habrá que investigar si su consumo no es nocivo para la salud humana. Solo pensemos en las recomendaciones de nuestros antepasados. Ellos advertían el daño que produciría comer productos sin una maduración óptima. 

Países de distintas latitudes del mundo, entre ellos sudamericanos como Chile, han comenzado a transitar el camino de la recuperación de las semillas originarias. Lo hacen a través, de hombres y mujeres, que adquirieron conocimientos en el terreno de labranza y no a través de la manipulación en laboratorios científicos de grandes compañías mundiales. Pareciera que los avances científicos en materia de producción frutihortícola no van de la mano del bienestar de las personas ni del cuidado del planeta. Ese camino tendremos que abandonar para evitar que las enfermedades sean incurables y causen más muertes. Corrientes no es la excepción. Todos los sectores deberán trabajar armoniosamente para garantizar que los productos sean fuentes saludables que protejan el organismo y prolonguen las expectativas de vida. 

El último párrafo esta destinado, una vez más, a la justicia. Necesita estar a la altura de las circunstancias para evitar los abusos agropecuarios y garantizar la calidad de los productos que el campo lleva a todo el país. En estos momentos, esa responsabilidad la tiene el T.O.P. de Goya. También se encuentra en muchos juzgados y tribunales del país que misteriosamente tienen guardadas las denuncias de las víctimas o sus familiares. Destaco el compromiso asumido por el Superior Tribunal de Justicia obligando a rever un fallo que no satisfizo las expectativas de la mayoría de los correntinos y argentinos. Es necesario garantizar productos saludables y que las poblaciones rurales no sean condenadas a los agrotóxicos. 

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Opinión Carlos Bramante