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Columna de opinión

En navidad regalemos salud

Atravesamos un año cargado de dificultades para las que no estábamos preparados. Las generaciones venideras van a mirar y aprender de nuestro ejemplo. No dejemos la peor lección a un planeta en peligro por no cuidarlo. Que la Navidad sea reflejo de la austeridad con la que llegó el Niño Dios al mundo. Austeridad no solo material sino mas aún de comportamientos dañinos. Regalemos lo que no se compra en la mejor tienda del mundo: SALUD. Así lograremos el círculo virtuoso que dejará en nuestros arbolitos el mejor obsequio navideño.  

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La situación económica se ha deteriorado por numerosos motivos relacionados al complejo 2020 que atravesamos los argentinos. Es la mejor "excusa" para pensar que no hay necesidad de realizar grandes compras para esperar la llegada del Niño Dios. Solo necesitamos comprometernos, individual y colectivamente, con el respeto a las recomendaciones sanitarias. No tienen precio pero alcanzan un valor infinito cuando sirven para salvar vidas.

Evitar contagiarnos de la enfermedad que nos sigue golpeando será un regalo para la familia y los desgastados recursos humanos esenciales que piden a gritos que nos cuidemos. Si lo hacemos, las fiestas que se avecinan no serán las últimas. Serán muchas más las que podremos festejar bajo la modalidad tradicional a la que estamos acostumbrados. 

¿Acaso cuando regía la normalidad anterior no buscábamos excusas para evitar reunirnos en un lugar determinado? No estamos ante el fin del mundo. Muy por el contrario, tenemos en nuestras manos el desafío de conservarlo. La inteligencia es uno de los regalos maravillosos que nos ha entregado el Creador a los seres humanos. Es el momento de utilizarla para evitar la propagación de un virus que provocó dolor y tristeza en muchas familias y lo seguirá haciendo mientras le demos oportunidad. 

Que el recuerdo de un festejo no deje grabado en nuestra memoria el inicio de una cadena de contagios que pudimos evitar. Los argentinos estamos acostumbrados a lamentar nuestros actos pero no a reflexionar previamente para evitar sus consecuencias. 

Solo pensemos en las fiestas clandestinas que obligan a desplegar recursos humanos compuestos por personas que, al igual que nosotros, quieren pasar La Nochebuena en la mesa familiar. No pueden hacerlo porque deben estar atentos a nuestro comportamiento egoísta y deben trabajar para evitar la propagación del virus.

Pensemos que si evitamos los festejos masivos vamos a regalar descanso y momentos para compartir con sus seres queridos a los trabajadores y profesionales de la salud. Hace mucho tiempo atraviesan situaciones complicadas. Extensas jornadas laborales en varios lugares para cubrir las necesidades de un sistema de salud fatigado.  Dan mucho mas de lo que pueden para que nosotros recuperemos la salud que no sabemos cuidar.  Mas aún en este momento en el que se activaron protocolos que obligan a recargar el periodo laboral para evitar la propagación de la enfermedad. 

La Navidad es una época de reflexión y, sin necesidad de autoflagelarnos, precisamos comprender la responsabilidad que debemos tener en las fiestas que se aproximan. Recordemos las expresiones del medico infectólogo Luís Cámera al programa "Desayuno". El reconocido profesional, oriundo de nuestra provincia, sostuvo que "el manejo de la pandemia en Corrientes es un modelo para mostrar" pero también advirtió que "el enemigo está vivito y coleando" y puede atacar mientras "perdemos las normas de conducta durante los festejos".

No desaprovechemos lo que hicimos hasta ahora y terminemos comprometiendo la vida por un encuentro, familiar o de amigos, que podemos postergarlo para repetir tantas veces como la salud nos acompañe. 

Que la imágen de la navidad 2020 no sea la postal que, cada vez que repasemos fotos viejas, nos recuerde que fue la última vez que estuvimos todos juntos. No podemos permitir que algunas semanas después, uno o varios integrantes, partieran de este mundo contagiados de una enfermedad a la que conocemos abundantemente. Si lo hacemos volveríamos a mostrar la torpeza que acompaña a muchos de nuestros actos diarios. No son pocos los ejemplos de familias que perdieron un integrante luego de un evento social. Y en muchos casos fueron personas que actuaron prudentemente pero terminaron contagiados por la irresponsabilidad de otros.

Por eso, el mejor regalo que podemos hacer en nombre del Niño Dios o de Papá Noel es respetar las medidas de prevención que eviten la proliferación del Covid – 19. Regalemos el bien mas preciados de la humanidad: SALUD.

Hagamos que nuestro comportamiento responsable permita repetir: 

¡FELIZ NAVIDAD!... muchos años mas.   

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Opinión Carlos Bramante