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Columna de opinión

Testigos y actores "privilegiados" de un año único

Vivimos un 2020 cargado de sensaciones y realidades que no imaginábamos. Al principio nos aburrimos y al final enfrentamos lo desconocido. Tuvimos roles diferentes y debimos encontrar el libreto adecuado. Concluimos el año y tenemos que brindar porque nos reinventamos ante la adversidad. Sin dejar de honrar la memoria de quienes perdieron la batalla. Somos parte de la historia del mundo ya que una pandemia no se repite varias veces en la vida del hombre. También asumamos el compromiso de que sea la última. De nosotros depende.

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La mayoría somos testigos del momento que estamos viendo pero podemos y debemos convertirnos en actores. De todas formas, en el reparto de papeles, los principales son aquellos que son y han sido víctimas del coronavirus. También los trabajadores esenciales y los profesionales de la salud a quienes debemos nuestro reconocimiento eterno.

Nuestro comportamiento nos lleva a cambiar de rol en la película de la vida. Pocas, o muchas veces, nuestras equivocaciones nos hacen "elegir" el libreto que menos nos conviene. Se trata de la "torpeza" con la que recurrentemente chocamos y el Covid – 19 tampoco nos modificó. Por eso, un día podemos ser actores secundarios pero mañana convertirnos en principales al contagiarnos, en una fiesta clandestina, o cuando dejamos de usar el barbijo y evitamos el distanciamiento social.

Pero más allá de la cuestión sanitaria, existen otras situaciones que nos han puesto a prueba durante el año que se va. Esas son las que nos han preparado para los que vienen y nos obligan a pensar en la "nueva normalidad". 

Las familias y cada uno de nosotros nos encontramos con situaciones desconocidas en un mundo que, en cuestión de horas, se volvió incierto para todos. La casa, la escuela, el trabajo, el comercio, la empresa, el transporte, la atención al público, el chequeo médico y tantas otras situaciones cotidianas cambiaron en un abrir y cerrar de ojos.

La cuarentena, al principio, nos pareció aburrida, luego desconcertante y al final desafiante para retomar el ritmo de la vida. Comenzamos preparando pan casero y al final dejamos "un tendal" de manualidades a medio terminar porque nuestra casa se volvió la escuela y el trabajo.

Sabíamos que el mundo se ve a través de una pantalla pero no que interactuaríamos por medio de ella. Nadie nos había preparado para que nuestros hijos con apenas dos semanas de clases presenciales iniciaran "unas vacaciones" que iban a parecer eternas pero terminaron  con exaltados días de clases. Tuvimos que acondicionar y transcurrir el dictado de materias en una de las habitaciones de la casa. Dejamos la rutina de prepararnos todos los días para ir a la oficina y comenzamos a usar la mitad del pijama porque solo debíamos estar presentables para el Zoom con nuestros compañeros y jefes de trabajo. Muchas situaciones desconocidas debieron volverse cotidianas durante los meses transcurridos del 2020.

Por todo ello tenemos que:

Levantar las copas en alto ya que hemos cumplido con el desafío que la vida nos llamó a ser testigos pero también protagonistas.

Levantar las copas porque nos sobrepusimos a la adversidad que se volvía amenazante y enfrentamos un futuro desconocido. Sobran los ejemplos de los que se reinventaron para volver a cosechar el éxito a pesar de las dificultades.

Levantar las copas por los miles de trabajadores esenciales que no le escaparon a la adversidad. Se pusieron al frente de la situación, incluso, arriesgando la vida de sus familiares.

Levantar las copas por los grupos de wasap y por los zoom que nos permitieron ampliar contactos a los que no prestábamos atención o, por lo menos, los teníamos descuidados. 

Levantar las copas por los niños y los adultos que exhibieron destreza para enfrentar el destino "catastrófico" que se avizoraba.

Es cierto que en el camino de la cuarentena se han sembrado muchas esperanzas de un mundo mejor para modificar el errante comportamiento en la "normalidad anterior". Al final, las volvimos a dejar sepultadas por nuestras actitudes mezquinas que la pandemia no pudo corregir. El desafío sigue pendiente y podemos sumarle a las expectativas que nos genera la llegada de un  nuevo año.

No son pocas las familias que han perdido a un ser querido durante este año que estamos despidiendo. Por eso no quiero desbordar de alegría esta columna sino respetar la memoria de quienes han partido de este mundo. Reconociendo que quizás no los cuidamos o no hicimos lo necesario para evitar que sus vidas quedaran a mitad de camino.

A la gran mayoría nos quedan lecciones que a pesar, del paso de los meses, no las hemos aprendido. Quizás el dicho popular: "tropezamos con la misma piedra" sirva para explicar y entender porque vuelve a aumentar la cantidad de contagios y estamos en "la puerta" de una nueva ola de la enfermedad. 

Prosperaron las violaciones a los límites que las autoridades imponían para cuidar la salud de todos. Se volvieron frecuentes las fiestas clandestinas y las movilizaciones porque aparentemente estaba en peligro nuestra libertad. 

El balance aún esta lejos de darnos un resultado. Solo la historia podrá decirnos cuales fueron los  factores para que la cuarentena más larga del mundo tuviera uno de los resultados sanitarios más desfavorable. ¿Habremos sido nosotros, habrán sido las autoridades, o una conjunción de ambos factores? Lo que no podemos es seguir lavándonos las manos y buscar responsables sin contribuir a protegernos y evitar contagiarnos con el mortal "enemigo".

Debemos honrar la memoria de los muertos por la pandemia. No solo necesitan que los despidamos en las redes sociales sino compromiso activo para poner en práctica las medidas de prevención. Por ello,  renuevo la invitación que les hice para Navidad. Este fin de año volvamos a regalarnos salud entre todos. No tiene costo oneroso pero tampoco tiene precio. Respetando el distanciamiento y el uso del barbijo honramos la vida con la que hemos llegado a los últimos días de este año y renovamos nuestras esperanzas para seguir con vida. Mientras tanto, esperemos que los Reyes Magos traigan sus alforjas cargadas de salud. Portarnos bien depende de nosotros. Hoy mas que nunca debemos recordar nuestra infancia cuando los padres nos decían que si nos portábamos mal frustraríamos la llegada del ansiado regalo para el 6 de enero.

Sin intenciones de hacer un anuario reitero una impresión que tuve a mitad de año. No se trata de paralizar y afectar las fuentes laborales. Quizás fue uno de los errores más importantes cometidos por el gobierno de turno. La paralización del país durante un tiempo prolongado agudizó la pobreza en miles de familias. Hoy vuelvo a sostener que buena parte de los contagios o, mas grave aún, el inicio de las cadenas de contagio se produjo en actividades recreativas y no laborales.

Los errores son nuestra mejor lección. El resultado de la prueba sigue siendo insuficiente por el número de, enfermos y fallecidos. Tenemos la oportunidad de convertirnos no solo en testigos sino en protagonistas de un momento único que servirá de ejemplo para las futuras generaciones. Somos el espejo en el cual podrán mirarse nuestros descendientes o quizás quieran hacer trizas porque, ni más ni menos, nos portamos mal.

Hace semanas leemos, escuchamos y queremos que se vaya pronto el 2020. Tomemos una silla por un instante y hagamos un breve balance. Solo tenemos que darnos cuenta que llegamos al final del ciclo de 365 días con vida y con la oportunidad de ser protagonistas del 2021 y muchos años mas. Con eso podemos compensar las dificultades del año que se va. Mientras haya vida y salud tenemos posibilidades de "torcer" el rumbo. 

                                                                           Por eso levantemos las copas y digamos con fuerza:

¡FELIZ AÑO NUEVO!

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Opinión Carlos Bramante