Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.radiodos.com.ar/a/73073
Columna de opinión

31 de diciembre

Es un día más, cierto. El último de un año que no pudimos imaginar para estar atentos. Año que nos tomó por sorpresa, que no nos dio tiempo a reaccionar. Un año que nos recluyó en casa, al principio como un reposo anhelado, eso de “un par de días para no hacer nada” y luego como una asfixiante provocación. Aprendimos a sobrellevar estados de incertidumbre, depresión, soledad extrema, desesperanza, dolor ante la pérdida de familiares y amigos, mucho temor por lo desconocido, la palabra “muerte” sobrevoló nuestros pensamientos en incontables madrugadas. Hablamos de “cuarentena” sin contar los días y cuando nos dimos cuenta, estábamos duplicando la medición y así en más hacia adelante, de a saltos por cuarenta y cuarenta y cuarenta que ni con el año acaban.

Aprendimos que “estar en casa” era mucho más que tirarse en la cama, que ver una película, que cocinar algo rico. Era un estado mágico para no perder el rumbo. Era re inventarnos, aprehender todo aquello que nos hiciera aferrarnos a la vida. Hacer uso de nuestras capacidades, a los golpes y a fuerza de prueba y error. Aprendimos a comunicarnos de una manera diferente, a través de una pantalla de celular o computadora, oteando en la mirada del otro para ser en el otro, la continuidad de una sociedad que venimos construyendo desde el momento de la concepción. Hablamos y nos hablaron. Escuchamos y nos escucharon. Cada palabra se asentó por su propio peso. Buscamos y nos buscamos como una necesidad de existencia. Nos sentimos necesarios e hicimos saber al otro que era necesario. Formamos una cadena con lo que tuvimos cerca. El objetivo fue lograr que no se corte. Aprendimos de virtualidad para sostener la realidad de cada día. Nos dimos aire en ese aliento restringido por un tapa bocas que nos censuró la sonrisa. 

Fue un año difícil, el más difícil que recuerde. Lo transitamos de a ratos, de a tramos, mirándonos de lejos, sin poder abrazarnos, sin un beso en cada mejilla como saludamos los correntinos. Nos tocamos apenas con los puños cerrados y los ojos bien abiertos, aprendimos a decir en cada mirada y nunca jamás dejamos de reconocernos.

El 2020 llega a su fin. Estamos para despedirlo. Con dolor, cierto. Pero también con amor. Somos lo que dejó en nosotros. Una gran enseñanza, un gran compromiso. Nos revolcó como quiso pero “un tropezón no es caída”. En lo personal, tengo el cuerpo cansado pero mis sueños están intactos. La poesía es esa bocanada de aire que me devuelve siempre a mis lugares comunes. Tengo ese “avío del alma” que me abre las alas hacia la aventura que implica existir!

Como antes, más que nunca, Feliz Año Nuevo. 


Temas en esta nota

Opinión Muni Munilla