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Columna de opinión

Ley de I.V.E.: las Iglesias* necesitan seducir y no imponer

Mi columna de hoy es el pensamiento de un creyente tras la aprobación de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Ahora las religiones que se opusieron a la sanción de la normativa en el Congreso tienen un papel fundamental. Deben evitar que el aborto se convierta en una costumbre entre sus creyentes. No necesito decir mi posición sino solo recordar que pertenezco a una de ellas y acepto sus reglas. No por imposición sino por la evangelización de un sacerdote. A ellos escucho los domingos en misa y busco poner en práctica sus enseñanzas.

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Todas las religiones necesitan seducir a sus fieles para que el cumplimiento de sus mandamientos no se limite a la participación multitudinaria durante una peregrinación anual, la ocasional visita al Santuario mas destacado de la región o en las fiestas patronales de una comunidad.

La palabra de los sacerdotes debe llegar a los creyentes para que se convierta en realidad y evite las consecuencias de la desobediencia a las leyes de Dios. Soy un convencido que, los estados o gobiernos de cualquier lugar del mundo, no deben tener vínculos con los credos religiosos. Lo que no significa que dejen de escuchar las genuinas sugerencias que contribuyen al bienestar general. Sobre la faz de la tierra existimos personas con diversidad de pensamiento y se debe contener a todos más allá de las religiones. El estado tiene otra misión: respetar y otorgar igualdad de oportunidades a todos los habitantes. Mientras tanto, las religiones deben evangelizar advirtiendo las consecuencias del pecado cuando se corrompen sus mandamientos. Los clérigos no deben ser tibios a la hora de transmitirlos para su cumplimiento. 

Son pocos los sacerdotes que se animan a focalizar sus homilías en el pecado que se comete al abortar. Si bien, Dios perdona infinitamente, habría que convencer que los confesionarios no están preparados para escuchar el mismo pecado sin haber intentado cambiar el rumbo de la vida del que se dice creyente. Muchos predicadores temen considerar a sus fieles como pecadores, ¿no lo hacen por temor a perder los aportes en las colectas periódicas? Seria un grosero razonamiento materialista más allá de las indudables necesidades que enfrentan los templos de cualquier confesión. Tampoco se necesitan religiones condicionadas por las donaciones porque, por lo menos para quienes somos creyentes, iría en contra de la purificación del templo realizada por Jesús en Jerusalén al expulsar a los mercaderes alejados de las leyes divinas. 

De la misma forma, se observa la ambigüedad de comportamiento entre los sacerdotes frente a la práctica de cultos paganos. Itatí exhibe amplias carteleras en contra, pero luego algunos de sus exponentes respaldan, tacita o explícitamente, la practica de los mismos. Quizás lo hagan para evitar el éxodo de fieles que, de todas maneras, las religiones tradicionales hoy viven con intensidad. Solo se necesita mirar la aparición permanente de nuevos templos en las ciudades o pueblos de toda la provincia. 

Por otra parte, llamativamente observamos en la iglesia católica el traslado de sacerdotes que se "juegan" al poner en contexto de la vida real a las Sagradas Escrituras logrando una mejor comprensión entre los fieles. Incluso he observado en varias oportunidades que se trata de religiosos que logran llenar iglesias que antes estaban casi vacías. 

Los obispos de turno, al igual que los gobernantes, toman sus decisiones en base a normativas eclesiásticas que muchas veces no son comprendidas por la feligresía. Quizás sea con el objetivo de que ese sacerdote pueda repetir los logros alcanzados en otra comunidad. 

La falta de comprensión a las decisiones de Obispos y arzobispos, nace al advertir que hay parroquias con el mismo cura durante lustros o décadas. Son aquellos que en sus sermones se limitan a reiterar la palabra escrita. Para ellos pareciera más cómodo y beneficioso no traer a la actualidad la palabra de Dios y así evitar los sinsabores de un traslado.

 También, y sin necesidad de sostener que se trata de un castigo, llama la atención que a clérigos que han "revolucionado sus templos" se los someta a la conducción de pequeñas capillas. De todas formas, debo señalar que, muchas veces, los pedidos de traslados surgen de sectores minoritarios de las comunidades. Se sienten incómodos con el servicio religioso y sirve de argumento. 

En estos días leía a Gerónimo Frigerio (abogado y autor del libro "simple. Una idea para transformar el futuro de América Latina"). Allí propone la simplificación de las leyes para hacer atractivos a los países de nuestro continente. creo que muchas autoridades religiosas y sacerdotes deberían tomar el camino de la simplificación dialéctica y evitar complejas y tediosas homilías difíciles de comprender. La sencillez de las palabras seguramente fructificará mejor.

 Quizá evite el éxodo y la aparición de nuevas iglesias en nuestras ciudades correntinas donde enorgullecemos de ser la cuna de la Madre Morena de Itatí. Mientras tanto, no estamos lejos de alcanzar el record de otras ciudades que exhiben, como propaganda turística, la mayor cantidad de religiones por cantidad de habitantes. Solo cabe aclarar que son ciudades que han crecido al calor de la inmigración y, como ejemplo, menciono a la ciudad misionera de Oberá.

Hay contradicciones que solemos escuchar en los obispos y párrocos cuando son consultados, por los medios de comunicación, sobre cuestiones relacionadas al funcionamiento de los estados o al rumbo de los gobiernos: "a nosotros no nos compete opinar sobre esas cuestiones". Por eso estoy convencido que es el momento de profundizar y simplificar el mensaje puertas adentro y no depender de la aprobación de las normas de los hombres para que se cumplan las leyes de Dios. 

También resulta contradictorio que hoy los sacerdotes reclamen espacio en los medios de comunicación cuando muchas veces se negaron a utilizarlos. Me viene a la memoria las infinitas tareas de producción para conseguir entrevistas con Obispos o arzobispos de la región. De todas formas, debo resaltar la voluntad y generosidad permanente de los actuales titulares de las diócesis de Santo Tomé y Goya (Gustavo Montini y Adolfo Canecín respectivamente). Por ellos guardo el mejor y respetuoso recuerdo tras realizarle notas, en Radio Dos, sin ninguna condición y con la claridad de su elevada preparación, pero con generosa sencillez. También expreso mi profundo respeto por Monseñor Andrés Stanovnik. Conservo el mejor regalo que nos hizo como familia. Nos dio la bendición de Dios mientras nuestro hijo estaba en la panza de su mamá. Fue durante una celebración en la Parroquia San Juan Bautista.

Por eso concluyo que se necesita una Iglesia predicante, actualizada y sencilla, para seducir a los fieles y permitir que su palabra se haga práctica en cada uno de ellos. Los tiempos que vivimos no necesitan sacerdotes que quieran volver al pasado rememorando a la "Santa Inquisición" que se encargaba de evitar la herejía del pueblo a través de la violencia. Solo cabe recordar el pedido de perdón realizado por el Papa San Juan Pablo II en junio de 2004. 

Es tiempo de religiones con pastores que convenzan a los fieles de la necesidad de coherencia para evitar caer en el pecado. Se necesita apertura de la dirigencia religiosa para respetar a los que piensan diferente. Estos últimos reclaman normativas que eviten procedimientos clandestinos que se vuelvan dañinos y mortales. La preparación de los religiosos es muy amplia y generosa para poder enseñar a sus feligreses sobre las consecuencias del aborto, las prácticas necesarias para evitarlo y fomentar el embarazo responsable.

 

(*) Escribo en mayúscula porque me refiero a las instituciones eclesiásticas recordando las enseñanzas del Padre Héctor Rubén Sena en Caá Catí.   

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Opinión Carlos Bramante