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Columna de opinión

Atención: ¡Perros y gatos en peligro! Nuestras benditas leyes.

En lo que va de la última década, la Argentina se ha visto involucrada -fundamentalmente por la influencia de organizaciones sociales no gubernamentales- en una suerte de “nueva ola” orientada a reconocer derechos a los animales (aclaro que yo estoy a favor de esta nueva ola), pero los gobiernos han hecho muy poco en ese sentido. Hasta ahora, los animales no tienen derechos en nuestro país. Según el Código Civil y Comercial siguen siendo “cosas muebles no registrables”, no sujetos de derecho. Pero, poco a poco, algo se viene haciendo, de la mano de nuestros gobernantes (Legisladores y Gobierno), lo cual es un gran avance. El problema se presenta cuando se analiza lo que hacen; dicho de otro modo, cuando se analizan las normas que sancionan. Veamos dos de ellas, muy recientes.

Una, el Decreto 1088 del PEN, de 20/07/2011, por el cual se creó el “Programa Nacional de Tenencia Responsable y Sanidad de Perros y Gatos”, con el objetivo de -para hacerla corta- “favorecer y fomentar la tenencia responsable de perros y gatos, tendiendo al mejoramiento del estado sanitario y al bienestar de los mismos , así como disminuir e instaurar, en lo posible y de acuerdo a la normativa vigente, soluciones no eutanásicas para situaciones derivadas de la convivencia entre seres humanos y los mencionados animales”. La matraca sigue, en una larga proclama de declaraciones y principios, pero con lo dicho hasta aquí ya me parece suficiente. Como se ve, se trata de una normativa que persigue el “bienestar animal”, pero al mismo tiempo se establece que con ellos (con los perros y gatos) no se practique, en lo posible, la eutanasia (esto es, literalmente, una “buena muerte”), añadiendo que, si de todos modos hay que matarlos, entonces hay que hacerlo “del modo más inmediato e indoloro posible” (art. 5, e), vale decir, que hay que matarlos bien, con delicadeza y buenos modales, sin dolor ni sufrimiento, pero hay que matarlos, no sea cosa que al perrro o al gato se lo elimine mal y nos quedemos con culpa. A este disparate, hay que sumar que también el Decreto sugiere -como “medida sanitaria adecuada”- la “esterilización” del animal como estrategia, esto es, en buen romance, extirparles los organos que permiten su reproducción, “propendiendo a que -la esterilización- sea quirúrgica, temprana, masiva, sitemática de ambos sexos, extendida en el tiempo, abarcativa y gratuita” (art. 2, 2do. párrafo). En conclusión, si esta normativa se cumpliera a raja tabla y se esterilizara a todos los perros y gatos en nuestro país -como medida sanitaria adecuada-, entonces, simplemente, nos quedaríamos sin perros y gatos en corto plazo. Así que, amigo lector, vaya -por las dudas- escondiendo su perro o su gato en el ropero, no sea cosa que al gobierno se le ocurra comenzar a poner en práctica esta normativa y citen a su perro o a su gato a que comparezcan ante la autoridad de aplicación a los fines del cumplimiento de la ley.

La otra, la Ley 27.330, de 2/12/2016, por medio de la cual se prohibió en todo el territorio de la República Argentina, la carrera de perros. En realidad, la prohibición no sería el problema, pues las leyes, por lo general, prohíben algo; el problema es que la norma habla de “perros” (genéricamente, sin ninguna aclaración) y si uno lee los fundamentos del Proyecto, se evidencia claramente que con la sanción de esta ley lo que se ha perseguido es prohibir la “carrera de galgos ” y no de “todas las razas” conocidas de perros, pese a que el art.2 habla de carreras de perros “cualquiera sea su raza”, expresión tan genérica, abierta e indeterminada que posibilitaría a algún juez que no haya dormido bien la noche anterior por haberse enojado con su esposa, meter preso a quien hubiere organizado o realizado, por ejemplo, una carrera de Caniches Toys entre amigos, por diversión y sin ningún fin económico, motivo por el cual aconsejo al amigo lector que se ponga a rezar (un ratito todos los días), no para que no se haga la carrera de los Caniches Toys -la cual, seguramente, será muy divertida, sobre todo para los niños pequeños- sino para que el juez pueda dormir muy bien con su esposa la noche anterior y, ya satisfecho al despertarse al día siguiente, entienda bien el sentido y alcance de esta rara y disparatada ley.

Y recuerde, ni se le ocurra entrenar a sus Caniches para competir en una carrera, porque la ley tiene una pena de hasta 4 años de prisión, así que mejor, antes que al gimnasio, lleve a su pequeña mascota al peluquero o a pasear al parque, que seguramente la pasará mucho mejor.

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Opinión Dr. Jorge Buompadre
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