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Columna de opinión

Algo falla cuando el policía es actor de un delito

La columna de hoy esta enfocada en hechos ocurridos en las últimas semanas. Un joven de 22 años baleado por un policía retirado. Otro de 28 años que murió tras un procedimiento en Alvear. Un efectivo detenido en el Chaco con marihuana. Otros denunciados por agredir a un joven que iba en contramano por el barrio Bañado Norte. Cada hecho necesita ser esclarecido por la justicia. Las víctimas y sus familiares reclaman investigaciones sin temor a la impunidad. El comportamiento policial es un ejemplo para evitar la descomposición del tejido social.

Todos sabemos el valor de las fuerzas de seguridad dentro de una sociedad. Su funcionamiento no debe estar supeditado a una cuestión ideológica. No se trata de dar o evitar la autorización para cometer atropellos que afecten a los integrantes de la sociedad. Un policía debe estar preparado para resguardar sus derechos y proceder ante los incumplimientos buscando causar el menor daño posible. Es comprensible que su actuación dependerá de la conducta del sospecho al que tenga enfrente. Las leyes y los policías deben estar preparados para resguardar ambas vidas: la propia y la del acusado.

La profesionalización es la clave para que una fuerza de seguridad este a la altura de los acontecimientos. Es fundamental que no se vean tentados a cometer delitos similares a los protagonizados por los malvivientes a los que deben perseguir. Su preparación adecuada evitará abusos en el ejercicio de la función y los ayudará a no cruzar la muralla que, imaginariamente, existe entre buenos y malos.

En el último tiempo no fueron pocas las ocasiones en que se sorprendió in fraganti a efectivos de la policía de la provincia de Corrientes. Quizás no sea una realidad reciente sino parte de la historia de las fuerzas de seguridad. Durante mucho tiempo gozaron del "manto protector" que los exhibió solo como héroes mientras convivían internamente con algunos villanos. No hay dudas que son héroes, pero también son humanos y vienen de una sociedad en la que todos estamos mezclados. La función del policía es aislar a los que caminan por la senda equivocada y, ejerciendo como brazo de la justicia, ayudar a que sean condenados los que comenten delitos.

Por eso la capacitación de cada miembro de una fuerza de seguridad debe ser el cedazo que separare a los aspirantes seducidos por las tentaciones del hampa. Como integrantes de una fuerza policial tienen el "privilegio" de conocer ambas márgenes de la vida social. Los estímulos negativos no son pocos y deben estar preparados para no ingresar al oscuro mundo del delito.

Por otra parte, la formación policial debe servir para prepararlos en el uso del arma que reglamentariamente portan. También deben estar entrenados para regular la fuerza física que logre reducir al sospechoso sin provocar el maltrato físico de la persona que van a detener. De esa forma, el procedimiento será exitoso y no quedará manchado por la sangre de alguien que pudo cometer un delito pero que no debe ser víctima de golpes o disparos de un funcionario policial. No necesitan cargar con las consecuencias de lesiones, o incluso la muerte, provocada por el exceso en sus funciones.

En las últimas semanas vivimos varios hechos en corrientes que tomaron trascendencia pública por el supuesto accionar errático de algunos efectivos policiales. Cabe aclarar que no importa su relación actual con la fuerza: la formación los obliga a mantener la misma responsabilidad en prestación de servicio o retirados de la fuerza. Todos están obligados a respetar las normas vigentes con las que ingresaron y destinados a resguardar los derechos de los habitantes. Incluso considero que los policías retirados tienen la responsabilidad de ser el faro que guíe a las camadas de renovación que necesita toda fuerza de seguridad.

Tampoco el policía debe subirse un escalón más arriba del resto de la sociedad. Esa postura no genera confianza y respeto. Reconozco que los tiempos actuales son diferentes a los que hemos vivido décadas atrás cuando un efectivo era conocido en la cuadra o el barrio y se convertía en amigo del vecindario. Hoy por la modalidad que utilizan las fuerzas es más difícil conseguir esa relación entre la sociedad y la policía. Pero no impide que el accionar individual de un integrante de la fuerza de seguridad tenga como regla básica la fidelidad a las normas. De lo contrario, la población esta en peligro e incluso el mismo efectivo que, ayudado por la portación de un uniforme y un arma, se considera superior al resto de los habitantes.

Allí puede comenzar una cadena de abusos que deje atemorizado y sometido a un vecindario hasta que ocurra un hecho grave como el del barrio Molina Punta. Recordemos que una discusión domestica ocasionó que un joven fuera víctima del arma reglamentaria de un comisario retirado. Con solo 22 años podría quedar discapacitado para toda la vida.  Tuvo que ocurrir ese hecho para que los vecinos se animen a denunciar los abusos cometidos por el autor del disparo. Incluso relataron que una joven, a la que habría golpeado, debió ser protegida por una guardia policial durante un tiempo.

Algunos efectivos demuestran no estar preparados cuando consideran que su función le autoriza a ser dueños de un determinado territorio. Cuando ello ocurre estamos en presencia de una falla de capacitación porque no aprendió el vínculo que debe mantener con el resto del tejido social. La verticalidad que rige en la institución, y ayuda al orden interno, no existe en la sociedad donde presta servicios. Un vecindario no puede estar supeditado al humor de su vecino policía y este último no puede utilizar su condición para regular el comportamiento del resto en beneficio de un interés particular.

La presencia de un efectivo policial dentro de una familia tampoco autoriza a sus integrantes a desobedecer las normativas vigentes y a considerarse superior al resto de la sociedad. Un funcionario público, y el policía lo es, debe ser respetuoso de los ciudadanos que aportan sus impuestos para garantizar el funcionamiento de la fuerza a la que pertenece.

El otro caso ocurrió en Alvear y tiene como víctima a un joven de 28 años que perdió la vida tras un prodecimiento policial y hospitalario y ahora su familia espera la agilidad y objetividad de la justicia para saber que ocurrió.

No se trata de una discusión de mano dura o garantismo. Se trata de valores que deben ser parte fundamental de la preparación de un policía. La sociedad necesita que un agente de seguridad aporte confianza y tranquilidad a través del ejercicio de su función. De esa forma cumplirá con la responsabilidad de garantizar el cumplimiento de las normas de convivencia dentro de una ciudad.

En corrientes estamos en presencia de una fuerza policial respetada por la mayoría de la población. Las autoridades policiales y políticas no deben dilapidar ese capital. Caso contrario, se colocarían en una posición incomoda causada por la indisciplina de algunos de sus miembros.

No son pocos los hechos delictivos vinculados a efectivos policiales en los últimos tiempos en la provincia. Se debe evitar que ocurran de manera periódica para que el mal ejemplo sea habitual y termine dañando una estructura vital para el funcionamiento del estado y la persecución de los delincuentes.

Generalmente hablamos de defensa corporativa e inmediatamente creemos que las fuerzas de seguridad son las que utilizan o abusan de esa modalidad. En realidad, se trata de un mecanismo de defensa de todos los humanos vinculados entre sí para una determinada actividad. Estrategia muchas veces mal utilizada porque solo sirve para proveerle de un manto de impunidad al autor de un abuso. Ese gesto no ayuda a reparar su mal proceder. La vida humana es victima de los mal ejemplos que se desparraman a velocidad de la luz cuando los controles no están atentos.

Huelga decir que esta columna esta muy lejos de generalizar su opinión sobre todos los integrantes de la fuerza. El objetivo que me propongo va en sentido contrario y busca preservar la imagen de la institución policial y la de cada unos de sus integrantes ante la importancia que tienen para el funcionamiento armónico de la sociedad.

Por ello se necesita que, más allá de los sumarios internos, la justicia también actúe con celeridad y severidad ante el incumplimiento de las normas vigentes. Los efectivos sospechosos deben ser investigados y condenados por los delitos cometidos.

El control de la calidad del servicio que prestan los policías no es una excusa para evitar intervenir en la persecución del delito. La debida investigación servirá para despejar dudas y transparentar las fojas de servicio de un efectivo. Tampoco son útiles los policías temerosos de afectar su carrera de ascensos. El "miedo" los llevará a buscar una posición mas cómoda que terminará limitando el ejercicio de su profesión.

Huelga decir que esta columna esta muy lejos de generalizar su opinión sobre todos los integrantes de la fuerza. El objetivo que me propongo va en sentido contrario y busca preservar la imagen de la institución policial y la de cada unos de sus integrantes ante la importancia que tienen para el funcionamiento armónico de la sociedad.

Por ello se necesita que, más allá de los sumarios internos, la justicia también actúe con celeridad y severidad ante el incumplimiento de las normas vigentes. Los efectivos sospechosos deben ser investigados y condenados por los delitos cometidos.

El control de la calidad del servicio que prestan los policías no es una excusa para evitar intervenir en la persecución del delito. La debida investigación servirá para despejar dudas y transparentar las fojas de servicio de un efectivo. Tampoco son útiles los policías temerosos de afectar su carrera de ascensos. El "miedo" los llevará a buscar una posición mas cómoda que terminará limitando el ejercicio de su profesión.

P.D.: Si el policía se vuelve actor de un hecho criminal estamos en problemas. Las autoridades están a tiempo de corregir el rumbo. 

 

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Opinión Carlos Bramante