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Brasil sin carnaval: la tristeza no tiene fin

El coronavirus obligó a suspender la fiesta más grande del mundo y el país sufre por un negocio que mueve unos 1.500 millones de dólares. Apenas unos pocos grupos desafiaron las reglas pero la mayoría esperará por la revancha en 2022. Hubo celebraciones virtuales.

Las interminables fiestas callejeras, los desfiles más grande del mundo y los feriados por la llegada del Rey Momo fueron suspendidos en Brasil, mientras el negocio que mueve 1.500 millones de dólares en todo el país, con turismo, venta de bebidas y la confección de disfraces y hasta la carpintería de las carrozas de las escuelas de samba espera el fin de la pandemia para que sus trabajos puedan volver a la calle, a mitad de este año o a más tardar en febrero de 2022.

 Prohibidos de manera oficial, apenas unos pequeños grupos desafiaron al Estado y al Covid-19 y se reunieron en las calles en la Región Metropolitana de Río de Janeiro, según reveló ODia, mientras que la mayoría optó por el cuidado para evitar los contagios y esperará por la revancha el próximo año.

Hubo, incluso, celebraciones virtuales, como la que realizó la banda callejera Desliga da Justica: “Todo el mundo en casa, muevan los muebles para que no estorben y bailen y beban cerveza fría", exhortó una mujer al comenzar el espectáculo que el grupo ofreció el domingo por internet.

“Mantener el Carnaval en la pandemia sería desfilar sobre cadáveres”, dijo Neguinho da Beija-Flor a Folha. El sambista fue hospitalizado y perdió a varios amigos por el Covid-19, y ahora afirmó que se consuela al pensar en 2022. 

Lo mismo afirmó la drag queen Tchaka, quien en la tapa del diario Estado afirmó haber encontrado otras maneras de vivir el carnaval.

Más que un feriado de carnaval
Pero Brasil no sólo lamenta el vacío que deja la fiesta, sino un negocio extraordinario cuya industria mueve moviliza miles de costureras, luthiers, carpinteros, músicos, técnicos, electricistas, además de generar un impactante movimiento de dinero con el turismo.

Las comunidades de las favelas que viven de esta fiesta monumental se encuentran entre los sectores más golpeados. Sólo en Río de Janeiro, se trata de 25.000 personas dedicadas a hacer funcionar los desfiles.

 “Las escuelas mantienen bajo llave el carnaval de 2022”, tituló OGlobo. El diario contó en su edición de hoy que algunas asociaciones guardaron los prototipos de sus disfraces para un carnaval que se quedó para el próximo año.

Sólo algunos pequeños grupos de la Región Metropolitana de Río de Janeiro desafiaron las reglas sanitarias para prevenir la propagación del virus y pusieron sus cuadras en la calle. Las reuniones se publicaron en las redes sociales y algunos presidentes de las clases de baile incluso hicieron videos invitando a la gente.

Para atraer al público, los organizadores de la fiesta prometieron bebidas a bajo precio, equipos de sonido, pogo stick para niños e incluso fuegos artificiales.

Fuente: Baenegocios.com

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