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Columna de opinión

La salud no es un resultado matemático

La columna de hoy se refiere al reclamo de pacientes, familiares y prestadores. Es recurrente la falta de atención o el pago irregular de prácticas. Recae sobre el amplio abanico de prepagas, obras sociales y programas públicos. Esta semana escuchamos a prestadores de personas con discapacidad. Son habituales los testimonios de quienes esperan una autorización. Hace falta revisar el funcionamiento de nuestro sistema de salud: público y privado. Se necesita fijar prioridades para materializar el declamado desarrollo humano.

No se trata de una discusión ideológica sobre el sistema más recomendable para el país y la provincia. Tampoco de argumentar con frías estadísticas cual, de los sistemas, público o privado, atiende más pacientes. Ni siquiera hace falta llegar al extremo de discutir quien debe abonar a los profesionales dejando en el medio a los enfermos.

Desde aquí expreso el deseo de alcanzar el cumplimiento efectivo de las obligaciones asumidas para permitir el funcionamiento de un servicio humano fundamental. Es cierto que no todos somos consientes de la importancia de la salud mientras gozamos de ella. Cuando escasea comienza el peregrinar atravesado por numerosos obstáculos. Algunas veces, solo se resuelve con un reclamo en los medios de comunicación o una protesta frente a las oficinas encargadas de hacerlo. 

Son muchos los que reconocen las bondades del sistema de salud argentino. Pero debemos ser consientes que aún existen barreras para quienes necesitan de su atención. Y más aún de las debilidades que ocasionan el agotamiento de los profesionales dedicados a ejercer el noble arte de curar

Somos exigentes con los profesionales de la salud que hasta sospechamos el incumplimiento del denominado juramento hipocrático*. Llegamos al extremo de exigir la atención gratuita de un médico. Este razonamiento, alejado de la vida en sociedad, parece anidar con más fuerza en quienes hacen funcionar el sistema de salud. No se trata de diferenciar el público del privado. A juzgar por los reclamos de quienes necesitan atención, ambos ejercerían el mismo pensamiento. Incluso, sospecho que dan un paso más. Administran prepagas, obras sociales o departamentos contables de programas de salud, solo con una calculadora.

Todos entendemos que nuestro país este cubierto por una "manta corta" tejida por una economía que no encuentra rumbo y solo exige que cierren los números. Lo que no podemos tolerar es que la "manta corta" deje al descubierto a los más vulnerables. Esta semana escuchamos en Radio Dos el reclamo de la organización que representa a los profesionales que atienden a personas con discapacidad. Las deudas de larga data los llevó a recurrir a los medios de comunicación. Lo hacen tras el reclamo recurrente y desgastante en oficinas de variados funcionarios y administradores de turno.

Lo mismo les ocurre a los pacientes que, con su enfermedad a cuesta, o en el mejor de los casos a través de un familiar, tienen que atravesar burocráticos pasillos, de oficinas públicas y/o privadas, para lograr una autorización. Sin llegar al extremo de sospechar que algunos abandonan los trámites. Pasan a dependen de la economía familiar o, peor aún, de un milagro de sanación. 

Los testimonios de padres desesperados por una respuesta favorable al pedido de atención de las obras sociales o prepagas se repiten a menudo. Solo conocemos los casos de aquellos pacientes, o familiares, que se animan a enfrentar un micrófono. Es el último recurso para conseguir una solución.

Todos somos consientes de las dificultades que atraviesa el país como consecuencia de la pandemia. De todas formas, no deja de llamar la atención el reconocimiento público de propietarios de prepagas. Sostienen que en el último año hubo una notable disminución de personas en búsqueda de atención médica. Parecería un argumento que no justifica las demoras en el cumplimiento y pago de las prestaciones.

Seguramente habrá morosos pero la gran mayoría hizo el esfuerzo para mantener al día la cuota de su cobertura médica. Y no olvidemos que los trabajadores en relación de dependencia, públicos y/o privados, no tienen la opción de ser morosos. Su aporte a la obra social es un descuento mensual en sus haberes. Al ver los recibos de sueldo, y mientras gozamos de buena salud, renegamos de su utilidad. Solo cuando la enfermedad nos ataca entendemos su importancia. 

Indudablemente se necesita de mentes brillantes para defender y mejorar el servicio de salud en el país y la provincia. Junto a las autoridades, la dirigencia política y los empresarios del sector, deben emprender el análisis de las reformas necesarias para diseñar una atención: ágil, resolutiva y universal. Solo de esa forma tendremos un sistema óptimo que priorice la prevención de enfermedades y no sea "bombero" dedicado a la recuperación del paciente. No debemos tolerar los resultados menos esperados: secuelas permanentes o la muerte por negligencia de algún eslabón de la cadena sanitaria.

Es llamativo como se observa la diferencia en los sistemas de atención. Aquí no hay diferencias entre el público y el privado. Hay hospitales, clínicas y sanatorios a la altura de los más modernos y otros a los que le falta insumos básicos. Muchas veces nos sorprenden las largas filas en hospitales para conseguir un turno. La misma situación se repite en la salud privada. Las demoras son importantes y, la mayoría de las veces, por la escasez de especialistas. 

Otra vez nos encontramos con los encargados de invertir en la cantidad suficiente de médicos y aparatología que absorba la creciente demanda. Además, observamos el déficit de la salud pública y no prestamos atención a las deficiencias del sistema privado. Solo como ejemplo hay que advertir el marcado deterioro edilicio de muchas clínicas y sanatorios. Los controles parecen ausentes.

Algo que se observa, no solo en Corrientes, sino en muchas otras ciudades, es el casi nulo desarrollo edilicio y la baja incorporación de profesionales en relación a la cantidad de habitantes. Los sistemas de salud parecieran los mismos de cuando las ciudades tenían la mitad de personas. Más allá de algunas ampliaciones coyunturales, en las últimas décadas no se construyeron nuevos edificios para aumentar el número de profesionales y aparatos. No hace falta resaltar que Corrientes es "cantera" de profesionales de la salud. Pero debemos recordar que muchos decidieron o, peor aún, se vieron obligados a emigrar en búsqueda de un futuro laboral sustentable. 

Un párrafo aparte merece el cobro de plus, o elegantemente llamado co-seguro, por parte de las obras sociales y los profesionales de la salud. Nuestro enojo de paciente se vuelca sobre los últimos. Debemos ser consientes que también son víctimas de un sistema que no los protege. Por el contrario, los ataca demorando los pagos y manteniendo los honorarios alejados de la inflación. Hace falta que los encargados de manejar los números de la salud sean consientes del valioso recurso humano con el que cuentan. Para su bienestar deben hacer el esfuerzo de cuidarlos abonando el pago de sus prestaciones en tiempo y forma. Todos los profesionales deben ser compensados con salarios y honorarios acordes a su preparación y al servicio que prestan.

 Son muchos los países que adoptaron a la salud pública como modelo de progreso a través de una cobertura universal. Cabe mencionar que lo hacen en base a un sólido sistema impositivo. Los habitantes y las empresas aportan rigurosamente sus impuestos con la seguridad que serán volcados al funcionamiento armónico y solidario del estado. También observamos las disparidades en otros. Siendo parte del selecto grupo de los más poderosos del planeta tiene marcadas diferencias en la atención sanitaria. Entre ricos y pobres. 

No se trata de encontrar políticas definidas por ideologías sino aquellas que mejoren la calidad de vida de los habitantes. Si miramos los extremos no quedan dudas que ambos han fracasado en el mundo. La globalización de las comunicaciones hoy nos permite conocer la realidad de los países más distantes. Solo hace falta tomarnos el tiempo para escribir algunas palabras claves en Google.

De esa forma podremos encontrar las habilidades y debilidades de las políticas de cada gobierno. Sin dejar de destacar que la clave del éxito, en las naciones que lo consiguieron, fue en base a políticas de estado. El enorme déficit de la dirigencia argentina enfrascada en sus triunfos y derrotas electorales.

El sistema de salud argentino tiene muchas bondades teóricas, pero es necesario ponerlas en práctica para hacerlas realidad. Una de ellas es la generosidad con países limítrofes y Corrientes no es la excepción. Las estadísticas son claras al revelar la atención de pacientes paraguayos en nuestro sistema de salud. Incluso con la ausencia de convenios de reciprocidad para que la convivencia armónica entre las naciones de la región sea una realidad.

 Mucho se habla del MERCOSUR como modelo de integración, pero pareciera que solo sirve para transacciones comerciales. Seguramente derramarán sus frutos en la población, pero, para que ello ocurra, nuestras autoridades deben alcanzar acuerdos estratégicos. Sin dejar de mencionar que el bloque regional sigue pareciendo una bonita utopía. Hoy parece dejado en Stan-by por las autoridades de turno. 

Si el sistema de salud se orienta al frío cierre de la caja, y sus ganancias no se invierten en mejoras, estaremos transitando el camino equivocado. El desarrollo humano que todos predican seguirá siendo un resultado lejano.

(*) Para recuperar el ritmo escolar les dejo tarea para la casa. Ampliemos conocimiento sobre el juramento hipocrático con el link de wikipedia:  https://es.wikipedia.org/wiki/Juramento_hipocr%C3%A1tico

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Opinión Carlos Bramante
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