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Columna de opinión

El año pasado

Hace un año la vida nos detuvo en una esquina cualquiera. Creímos era solo por unas horas y quedamos a la espera, como quien aguarda el cambio de luz del semáforo. La luz roja fue una pausa, respiramos hondo. Vino bien ese inesperado descanso en un día que no marcaba feriado en el almanaque. Un día de regalo que fue domingo para dar marcha atrás el motor de la rutina y volver a casa. A cocinar. A leer. A disfrutar de la familia.

Los días se fueron sucediendo. De pronto fue otoño y los árboles comenzaron a desnudarse tímidamente, como si pidieran disculpas por quitarnos tan de golpe los últimos soles del verano.

Dejamos de encontrarnos por la calle. Nos desconocimos ante el miedo. Seguíamos parados en una esquina cualquiera dentro de un acotado espacio atiborrado de preguntas. No sabíamos aún a qué temíamos, de qué nos protegíamos. El miedo nos tapó la boca.
Los días se hicieron largos hasta alcanzar la noche. Largos con su invierno a cuestas. Largos de frío, aprendimos a mirar detrás de los cristales de todas las ventanas de la casa. Aprendimos a reconocer la fuerza de nuestros pies recorriendo siempre el mismo camino.

Como una letanía, los pies abriendo un surco de una habitación a otra.

Vimos nacer las flores en el jardín. La primavera fue el desahogo para tanta angustia contenida. Sonreímos. Si, volvimos a sonreír y abrimos las puertas, quitamos poco a poco los cerrojos y nos vimos. Parados en la misma esquina, con la luz verde titilando su intermitencia de permisos postergados.

La vida se detuvo hace un año. Dicen que para darnos una lección. Es lo que creo cada vez que salgo de mi casa y retomo la rutina que antes parecía agobiarme. Los niños corren por el parque. Saludo a Pedro que a lo lejos levanta la mano como si me bendijera. Respiro.

Moni Munilla
Marzo 2021

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