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Carlos Bramante

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Columna de opinión

Mascotas de moda y descartables

La columna de hoy se refiere a la tenencia de mascotas en nuestros hogares. Me motivan los hechos ocurridos en las últimas semanas: en Goya un hombre asesinó a su perra golpeándola contra la pared. Los perros abandonados por una pareja en Maipú al 3.500. La persona que paseaba animales de raza y atacaron a gatos abandonados generando una tensa situación con voluntarios. Por momentos pareciera estar de moda ser “mascoteros”. En otros, terminamos descartando animales.

Comprendo que los casos mencionados forman parte de un extremo que no es habitual. De todas maneras, los profesionales veterinarios coinciden que existe una diversidad muy amplia de maltrato a los animales domésticos. Si recorremos las calles de la ciudad nos vamos a encontrar con ese “abanico” en repetidas oportunidades.

Perros y gatos deambulando en búsqueda de comida. Otros abandonados en espacios públicos como la Costanera, rutas, avenidas y calles. Algunos encerrados en pequeños patios o pasillos domiciliarios con escasa alimentación y, a penas moviéndose,  entre sus heces desparramadas. Esta situación provoca un foco de contaminación altamente peligroso para el animal pero también para los humanos. 

Otras modalidades de maltrato animal son las “condenas” injustas por alguna travesura realizada. Peor aún, se los somete a una penosa agonía con mala alimentación y la expulsión del seno familiar del que alguna fue centro de atención. Sin haber hecho nada se le quita las comodidades porque su dueño humano cambió de opinión. Desde ese día comenzó a someterlo al maltrato que puede terminar con su vida antes de cumplir, aunque más no sea, la edad promedio para su especie.

Merece un párrafo la falta de respeto que tenemos con nuestros vecinos o con las personas que van a espacios de recreación. Llevamos a nuestras mascotas para que hagan sus necesidades y no las recogemos. Todavía falta mucho para aprender que los propietarios deben ir acompañado de la palita, la bolsita y mucho respeto por los demás para juntar las deposiciones de sus animales. Cuando uno camina las calles de la ciudad comprende a las personas que tras haber pisado algo desagradable se vuelven críticos de las mascotas. Más bronca da en aquellos tenedores responsables que juntan los desechos de sus animales.

No hay dudas que la conciencia mascotera creció en los últimos años y vino acompañada de organizaciones no gubernamentales que realizan una tarea silenciosa pero muy importante para rescatar y cuidar a los animales abandonados. También debemos pensar que detrás de ellas existen personas y familias que sacrifican tiempo de su vida para realizar una tarea que no es recompensada y antipática para una porción importante de la sociedad. Algunos no comprenden la tarea que realizan y otros suponen que están obligados a tener animales descartados por propietarios irresponsables.

 La gran mayoría de las veces cuentan con recursos limitados pero son sometidos a críticas descarnadas. Aquí hago un homenaje a Héctor Leguizamón, voluntario del “Grupo Patitas”, que nos dejó físicamente hace pocos días pero nos regaló su inmenso ejemplo de amor a los animales durante veinte años. El mismo amor que perdemos cuando pareciera que nos aburrirnos de nuestras mascotas.  

También destaco el convenio firmado entre la provincia y la municipalidad de la ciudad de Corrientes para la creación de un refugio en Ruta 12. Trabajo que se realizará en conjunto con grupos proteccionistas de animales. Su título da origen a uno de los objetivos que debemos tener cuando pensamos en una mascota: “proyecto de responsabilidad animal”.

Si fuésemos responsables con la tenencia y procreación de nuestras mascotas no serían necesarios los refugios ni las O.N.Gs. que luchan contra el abandono. Muchos son crítico de estas organizaciones al sostener que “cuidan más a los animales que a los humanos”. Considero que se trata de un pensamiento groseramente erróneo. Un animal abandonado por nuestra desidia es una enorme fuente de enfermedades de las que podemos contagiarnos.

 Cierto o no, miremos el inicio de la pandemia que ataca al mundo. Un virus que se encontraba en animales habría pasado a los humanos y hoy lamentamos millones de víctimas. Pensemos que lo ocurrido con los murciélagos chinos podría suceder con cualquier grupo de perros o gatos callejeros y desatar una tragedia sanitaria en el medio que vivimos. El doctor Flavio Serra, médico pediatra, advierte habitualmente las consecuencias de la contaminación de espacios públicos provocada por la materia fecal de los animales.

 También debemos comprender que detrás de un operativo de rescate como el realizado en avenida Maipú al 3.500 hay una logística que insume dinero y sacrificio de los rescatistas. Lo mismo sucede con una denuncia por maltrato animal. Obliga a un despliegue de las fuerzas de seguridad y de la justicia que sería innecesario si asumimos con responsabilidad la tenencia de nuestras mascotas. 

Por lo anterior, entiendo, no justifico, a las personas cuando sostienen que se gastan recursos en animales que podrían ser invertidos en humanos. O peor aún aquellos que piensan que muchas personas defienden más a los animales que a su propia raza. Necesitamos buscar el equilibrio. Ambos somos importantes y por ello es necesario cuidarnos. De todas formas, la salud de las mascotas depende de los humanos. 

Hace un tiempo el Doctor Jorge Buompadre escribía una interesante columna en La Dos. Decía que la legislación vigente en nuestro país, a pesar de sus buenas intenciones,  sigue tratando como “cosas” a las mascotas. En realidad no sería solamente la visión de nuestros legisladores sino el reflejo del trato y comportamiento que tenemos los humanos con los animales. Pareciera que son “cosas” porque las compramos en alguna oferta de ocasión o aprovechando 12 cuotas sin interés en páginas de compra - venta. Pasado un tiempo se vuelven descartables y los terminamos abandonando

También es necesario contar con un hospital de animales que preste atención gratuita a las mascotas de propietarios responsables que no puedan pagar un servicio veterinario. Además hay que intensificar las campañas de capacitación y concientización para que las familias comprendan la importancia de la tenencia responsable. Se necesitan charlas y presencia permanente en todos los barrios de nuestras ciudades. Debemos aprender que los animales tienen un ciclo de vida que estamos obligados a respetar y no solo “invitarlos” a nuestras vidas para determinados momentos. Una mascota supone, como mínimo, alimentación, cuidado sanitario y procreación responsable

Si estamos dispuestos a pagar sumas elevadas de dinero por un cachorro seamos conscientes que solo representa la inversión inicial. Desde el vamos, estoy en contra de la comercialización de animales pero no la descarto porque respeto el libre albedrio de la personas para elegir la forma de tener una mascota. De todas maneras, quiero ser concreto en mi pensamiento y decirles que prefiero un “cruza-calle” a una raza de pedegree

Menos aún estoy de acuerdo con las razas de moda. Es atroz ver animales que parecieran haber perdido su “vida útil” y son abandonados en los patios de las viviendas. Otras veces la situación económica no permite a las familias la manutención de determinadas razas porque exige un cuidado especial y, no siempre, nos damos cuenta antes de tenerlos. Tampoco los interesados en vendernos sus cachorros lo hacen porque supondría la pérdida de un potencial cliente. Sugiero que antes de comprar un animal busquemos suficiente información o asesoramiento profesional para decidir el que mejor se adapte a nuestro hogar.

También propongo que si no conocemos con precisión a una familia evitemos regalar una mascota a un niño. El pequeño, entusiasmado con su amigo de cuatro patas, también podría ser víctima de lo que en el futuro le ocurra al animal. Podría ser testigo del deterioro de su mascota a la que los adultos no estamos decididos a cuidar. Para muchos sonará exagerado pero solo se trata de prevenir males mayores. El ejemplo nos pone nuevamente en la visión de que humanos y mascotas estamos profundamente relacionados y debe servirnos para una decisión consiente a la hora de traerlos al hogar. Los animales no se merecen las migajas o las sobras de alimentos de la casa. Si ello ocurre estaríamos ante una grave contradicción entre el amor declamado y el amor entregado

¿Acaso no tenemos Google para saber que la expectativa de vida de nuestros animalitos depende del cuidado que reciben? si aún no se enteraron, les propongo que lo hagan y será un buen ejercicio para decidir la tenencia o adopción de una mascota. 

Observo sorprendido el “amor” que algunas familias dedican a sus mascotas pero llamativamente en la próxima visita ya no están. Alguna enfermedad o ataque de otros animales se llevó su vida. Apenas pasan unos pocos años y los recuerdo, de varias que pasaron por la casa, alcanzan para escribir un libro.

Quizás en mi familia tuvimos suerte con el A.D.N. y  los antecedentes hereditarios de nuestros “cruza-calles” o “cruza-monte” que alegran nuestro hogar cada día o quizás algo ms importante: el cuidado que reciben. Sin importar el motivo, somos inmensamente felices porque nuestras mascotas ya están superando la expectativa de vida para perros y gatos: Simba (gata) con 15 años y Ñaro (perro) con 13 siguen haciendo sus divertidas travesuras de cachorro. De todas formas, somos conscientes que han entrado en la etapa de la ancianidad animal.   

Sostengo que algunas mascotas parecen de moda porque nos sirven para un determinado momento de nuestras vidas. Nos hacen compañía durante nuestra actividad física o  para lucirnos en las redes sociales. Cuando no cumplen con esos objetivos, porque al igual que la ropa o los calzados de temporada, los abandonamos o, peor aún, no sacamos de encima.         

Si no estamos en condiciones de cuidar adecuadamente una mascota evitemos tenerla. Tendremos un doble sufrimiento: seremos victimarios del animalito y causará malestar en nuestra familia.

 Si necesitamos alguna compañía los invito a elegir las “maravillosas” alternativas descartables que nos ofrece la tecnología. Desde una app en el celular al viejo tamagotchi que alguna vez conocimos. Se trata de esas mascotas virtuales a las que no importa si dejamos de prestarle atención en algún momento. Sacarnos de encima es mucho más fácil. Solo hace falta quitarle la pila o desinstalarla para evitarnos el quebranto de sus advertencias. No será necesario arrojarle en la costanera o alguna avenida de la ciudad y, menos aún, correr el riesgo de ser fotografiado y/o filmado para terminar escrachados en los medios de comunicación y las redes sociales. 

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Opinión Carlos Bramante
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