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¡Apa!

Lizy Tagliani regresa a la TV y confiesa su gran sueño

La conductora conversó con Ciudad antes de debutar con Trato Hecho, su amor por la diva y el recuerdo siempre presente de su mamá. 


Iván Basso ivanbassook
 
Es la historia más antigua y conocida. Una joven tiene un sueño, y esta puede ser de la ficción o de la realidad y puede llamarse Marilyn Monroe o Cenicienta, Naomi Campell o la Mujer bonita, Lady Gaga o cualquier heroína de telenovela. Y cuando ese sueño de luces, reconocimiento y fama se cumple, ese pack que alimentó y supo vender bien Hollywood, la responsabilidad es obra de la diosa fortuna; o bien de la elegida, a fuerza de sangre y taco gastado. LizyTagliani (50), una de esas fuerzas que irrumpió en la tele los últimos años y vino para refrescarla, cree que no. “La chica que soy es gracias a las posibilidades que me han dado en la vida”, dice a Ciudad y no parece falsa modestia. 
 
La animadora, aunque también actriz y conductora radial, se prepara para debutar este domingo, a las 21 horas en Telefe con Trato hecho, la reencarnación del formato que lideró Julián Weich en 2003 durante tres temporadas. Afianzada en su rol, no le teme a las comparaciones con aquella versión y utiliza la palabra “admiración” cuando se refiere a su predecesor. Pero, según cuenta, a la hora de elegir es “la diva de los teléfonos” su inspiración mayor. Una mujer fuerte, tal como su madre o las mujeres que conocía de su barrio, que aparecía desde la tele cual hada madrina para despertar a la niña que dormía en ella, pintando su realidad con los colores más brillantes. 
 
-¿Cómo te sentís en este Trato hecho 2021 y este nuevo desafío en la conducción de un programa?
-Tengo mucho entusiasmo, mucha alegría. Cuando me dieron la noticia me gustó mucho y más cuando vi el estudio, los compañeros desde Roberto Moldavsky hasta los maletineros. No son maletineros que abren solamente el maletín para ver cuánta plata hay adentro, sino que cada uno tiene algo para mostrar. Hay desde un “tiktoker”, uno que hace freestyle, una bailarina, un estudiante de medicina. Me gusta que haya gente joven que tenga algo para mostrar. El canal es quien los llama, pero me gusta que sea en un espacio mío donde pueden demostrar lo que hacen. Me pone muy contenta porque yo soy la chica que soy gracias a todas las posibilidades que me han dado en la vida. 
 
 
-Es interesante esta actualización del formato, ya no solamente con modelos muy bellas como maletineras, que se siente algo más anacrónico, sino con gente con otros perfiles, con otros talentos para presentar.
-Honestamente en eso soy un poco “machirula”, pero no sé si es la palabra. Vos pensá que yo me crié en los noventa y no hay modelo de esa época que yo no conozca, que no sepa dónde vive ahora… No la dirección y el número, porque van a pensar que soy una loca. ¡Ja! (Risas). Sé las tapas que hicieron, cuántos hijos tienen. Las veía en las revistas, en la tele y las seguí cuando empecé a crecer. Entonces en ese sentido no tengo ningún prejuicio, ni que hayan personas diversas ni que sean todas lindas, siempre y cuando la que esté, esté cómoda en ese lugar. Estoy en contra de la incomodidad. No estoy en contra de que una mujer quiera mostrar su cola, supongamos, lo que me importaría saber es si está contenta, que no lo haga porque tiene que negociar para estar en cierto lugar. 
 
-Mencionás a estas mujeres fabulosas que te marcaron cuando eras chica y hoy vos te convertiste en una de estas mujeres espectaculares. Tenés éxito, la gente te sigue en el teatro y en la tele, tenés el cariño del público. ¿Te hacés cargo de ese lugar?
-¡No! (Risas) No, no me hago cargo. Para mí va más allá del género y de todo lo que pueda hacer por las chicas del colectivo, que si está a mi alcance lo voy a hacer y si puedo más también. A mí lo que más me gusta es siempre dejar el mensaje de que lo que logré, no lo logré sola. Tengo un padrón de personas que me han ayudado, es una lista muy grande. Y no solo en la fama, sino desde que tengo uso de razón hasta hoy. Desde la vecina que me ayudaba a hacer la tarea hasta la que me hacía un sandwich porque mi mamá no tenía para darme para la vianda del colegio. Mi vida es producto de gente que conozco y de muchísima otra que incluso ni sé que me ha ayudado. Siempre somos producto de alguien que nos ayuda. Yo no conocía a nadie del medio artístico, todo fue una consecuencia de la otra. No fue que yo era la hija de alguien famoso o que mi mamá, que yo siempre cuento que era mucama, trabajaba para el gerente de Telefe, ponele. La relación de por qué estoy acá no existe. Debe tener un por qué y seguro hay un nexo, pero no estaba a la vista. 
 
 
-¿Cómo se siente hoy esa gente que fue tan importante para vos al verte en este lugar, convertida en quien querías ser, que eso en sí mismo es todo un éxito?
-Todos se ponen muy contentos, pero siempre pienso en dos personas que se vienen a la cabeza. Mirta, que es mi vecina de al lado de mi casa de Adrogué, que cada vez que hablo con ella por alguna razón, para saludarla o porque me gusta que me cuente alguna anécdota de mi mamá, ella siempre llora. Llora de alegría y no podemos hablar sin que se emocione y, obvio, me hace emocionar a mí. Ve cómo era cuando tenía 6 o 7 años y me ve ahora y es imposible no hacer un recorrido histórico y emocional. 
 
-¿Y la otra persona?
-También pienso en Mónica Vairo, que era la hija de doña Leticia, la patrona de mi mamá. Yo digo patrona porque hace mucho se decía así. Doña Leticia falleció y mi mamá hizo un poco, no me atrevería a decir, de mamá de Mónica, Miriam y Adrián. Es una familia muy conocida de Adrogué. Cada vez que hablamos con Mónica de mi mamá siempre se emociona de alegría. Se ve que ellos vieron cosas que nosotras pasamos que ni yo registré. No tengo una vida sufrida, más allá de lo que hoy sé a la distancia. Que pasé hambre, que no tenía a mi papá, que estábamos solas, pero en ese momento no conocía otra cosa, para mí era normal. Se ve que ellas vieron cosas que hoy se les viene a la cabeza cuando nos encontramos. 
 
-Vas a conducir Trato hecho, que es un formato internacional con muchísimas versiones y que acá hizo Julian Weich. Vos le vas a poner tu propio sabor, pero ¿qué pensás de las comparaciones que puede haber?
-No sé qué le pasará a Julián, pobre, porque yo soy muy particular para conducir pero para mí es un honor muy grande. Cuando me dijeron que iba a hacer Trato hecho, yo me puse muy feliz porque lo había hecho Julián, más que porque me lo habían ofrecido a mí. Lo mismo me pasó con El precio justo y Fernando Bravo. No hay programa que yo no mirara de Fernando Bravo y cuando me tocó hacerlo a mí fue una felicidad enorme. Es más, me gustaría hacer el programa un día con Julián porque yo creo que no me perdí ni un solo programa de Trato hecho, El precio justo o de Susana Giménez. Yo estaba mucho tiempo sola y miraba todo el tiempo tele, por lo cual para mí es emocionante y hermoso hacerlo. Con respecto al Trato Hecho de Julián, este es muy diferente porque tenemos, solo por eso, una pandemia en el medio. Hay un montón de cosas que no pueden estar del formato original. 
 
-La primera versión de Trato hecho salió en 2003. ¿Cómo era tu vida en esa época? ¿Estabas trabajando?
-Trabajaba en una peluquería en Peña y Pueyrredón y ni siquiera tenía la fantasía de que esto me iba a pasar. Miraba el programa, a Julián y era hermoso. Un día a él lo vi en las calles Santa Fe y Montevideo y él estaba con su esposa. Tenía el pelo canoso y cortito. Yo ya era grande, vi que bajaba con su esposa del auto y yo me quedé paralizada. ¡Eso me pasó al verlo en persona! Me da mucho orgullo poder hacer este programa. 
 
 
-Hiciste El precio es justo como Fernando Bravo, vas a debutar con Trato hecho que lo conducía Julián. ¿Hay otro programa que veías y que te encantaría hacer?
-Yo soñaba… Yo soy una mini Susana, pero no porque la imite. Susana Giménez es Susana Giménez y es la número uno, la única. Irrepetible como todos, como es Moria Casán, como Mirtha Legrand, como mi mamá o como vos. Yo a Susana le sé los gestos, sus formas. ¿Viste cuando vos tenés una mejor amiga que terminás siendo igual a ella de tanto estar juntas? Yo a ella la conocía, la miraba en la tele, pero sabía todo. ¡Yo hacía Hola, Susana en mi casa! (Risas).
 
-Entonces si Susana se quiere seguir tomando vacaciones o descansar, ¿podemos pensar en Hola, Lizy?
-Lo que pasa es que Susana hizo de su programa un mega espectáculo, una cosa maravillosa siempre. Yo sería la Susana de los noventa. Sé como pararme, cómo recibir a la gente. Eso podría hacer perfectamente, nunca como ella. Otra cosa que podía hacer a la perfección es la revista Para Tí de los años noventa y los 2000. A mí me encerrás en la editorial y al otro día la tenés armada. Sé que nota va primera, donde tiene que estar Maitena. ¡Como si lo hubiera hecho yo! (Risas)
 
 
-Vos ahora sos medio amiga de Susana o al menos, tienen una relación muy cercana. ¿Cómo creés que va a tomar que digas que querés hacer su show, pero sin ella en una versión retro?
-Bueno, Susana sabe. Los tiempos han cambiado mucho, pero de las chicas de mi generación no puede haber una que no esté inspirada en Susana, en Moria, en Mirtha, Valeria Lynch o en Nacha Guevara. A cualquiera les preguntás por las cosas que han hecho las divas de nuestro país y las sabemos a la perfección. Eran aspiracionales. Ellas representaban lo que yo quería para mí, sin saber que lo podía lograr. No sería un reemplazo, sería un premio poder estar en ese lugar que caminó Susana, donde estuvo Susana. Es diferente a la envidia o las ganas de sacarle el lugar que, además, es imposible. 
 
 
-Hablamos de Susana y de Moria y ellas tuvieron grandes romances. ¿Vos cómo estás del corazón con tu noviazgo con Leo Alturria?
-Ellas eran hermosas. Yo, mi amor, tuve por suerte tres novios muy buenos mozos, pero nada más. Yo siempre fui de muy buen comer (risas). Estoy muy bien, pero no estoy muy pendiente de las relaciones. No es algo que me quite el sueño. Si aparece, aparece y la disfruto pero si no está, puedo estar perfectamente igual. 
 
-Esta no sería una respuesta muy romántica cuando tu novio te pidió casamiento en televisión nacional en Telefe. 
-Él lo sabe. Yo siento que soy dos personas. Nosotros somos un rejunte de historias pasadas. Yo estoy desde muy chiquita catorce horas sola. Me lo pasaba así porque mi mamá se iba 12 horas o más para trabajar y yo desde los 6 años que estoy así. Yo no cocinaba,  pero sí me hacía la leche, me preparaba el guardapolvo, me bañaba. Todo lo hacía sola. Ella podía venir entre las seis, las siete o las ocho, depende del día, y yo para esperarla me peinaba con la raya al costado, me ponía un pantalón gris que me encantaba. Me iba hasta la esquina, me sentaba en un murito y ahí la esperaba a mi mamá. Cuando la veía venir salía corriendo, la abrazaba y veníamos de la mano hasta mi casa. Estábamos una hora y media juntas, cenábamos y después dormíamos porque al otro día no volvía a verla durante catorce horas. 
 
 
-Te tocó ser muy independiente.
-A la fuerza. Yo hoy soy eso. Durante todo el día que no estoy con Leo lo extraño. Soy una novia por WhatsApp y otra en persona. Por WhatsApp casi que soy Borges, Neruda, le escribo poemas, le escribo canciones, le mando fotos. En cambio cuando yo era chiquita no existía WhatsApp y ni teléfono teníamos. Entonces cuando Leo llega lo abrazo fuerte, le doy un súper beso y después me quedo sentada, agarrada de la mano mientras él come y ahí pienso “cuando se va” (risas).
 
 
-A cada uno, por el motivo que sea, la situación de la pandemia del coronavirus lo cambió. ¿Cómo te tocó a vos?
-A mí lo que más me afectó fue la pérdida de mi amiga La Floppy por una leucemia, pero después trato de no decir mis angustias y mis pesares en pandemia porque creo que he recibido tanto de la vida como para ponerme a ver mi ombligo, teniendo en cuenta cuánta gente la pasa mal desde lo económico, la salud, la angustia o la tristeza por no haber a alguien. Si solo me mirara a mí sería muy egoísta con todo lo que logré. Trato de no dar un mensaje sobre mí, sino ser positiva y ver si puedo ayudar a otro.

Fuente: Ciudad.com.ar

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