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Carlos Bramante

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Columna de opinión

Coronavirus: no aprendimos la lección

Mayo finaliza en Corrientes con cifras récord de contagios. Se multiplicaron los enfermos y muertos por la pandemia. Ocurre tras un año de tiempo para memorizar medidas de prevención. Nos dio ventajas adelantándonos el sufrimiento de otros países. Malogramos privilegios y comenzamos a sufrir las consecuencias. No queda tiempo para seguir desperdiciando oportunidades. 

Pasó más de un año de la mediatización de la enfermedad. Atravesamos distintas etapas de aprendizaje: muchas más que en otras dolencias sensibles a los humanos. Es cierto que las lecciones cambiaron al ritmo de las investigaciones pero siempre tuvimos oportunidad de evitar un ataque sorpresivo. 

A pesar del paso de los meses, nunca mermó la agresividad del virus, muy por el contrario, mutó a cepas más virulentas en diferentes partes del mundo. Una de las pocas lecciones que sobrevivió con el paso de los meses. Desde el principio, los científicos advirtieron que se trata de un proceso natural en esos invisibles y mortales microorganismos. Mientras tanto fuimos, o quisimos ser, “víctimas” del  negacionismo de algunos o la minimización de otros

Pareciera que nada nos asustó y como sociedad caímos en la confusión generada por el comportamiento errático de la dirigencia política. Los principales referentes no han sabido usar las atribuciones que le otorga la palabra. Para la R.A.E. (Real Academia Española) un dirigente es aquel que dirige o guía algo. 

Los dirigentes, en tiempos tranquilos, abusan de ese significado e incluso “sacan chapa” para ubicarse en un lugar de privilegio frente al resto de la sociedad. En cambio, cuando la realidad es adversa, muy pocos, lo transforman en cualidad. Muchos no lo hacen porque  prefieren discursos que “contribuyan” a sus intereses electorales. Y por ello, es más seductor repetir lo que la gente quiere escuchar

Con actitud electoralista, y comportándose igual que el coronavirus,  muchos dirigentes fueron en búsqueda y apoyo de los dubitativos y preocupados por su futuro inmediato. Estos últimos, no advirtieron que contagiarse podría truncar los sueños de toda la vida e incluso las concreciones conseguidas con enorme sacrificio. 

¿Cuánta importancia tendrá para un dirigente las muertes en pandemia? la ecuación es incierta aunque temo que las muchas vidas perdidas importan muy poco durante una jornada electoral. Quizá el resultado de un domingo a la noche no se modifique por las ausencias del día.

Muchos que, al principio, se sumaron a las medidas de cuidado social, las abandonaron con el paso de los meses. Lo hicieron porque,  algunas voces de las que desconocemos sus reales intenciones, comenzaron a decirles que eran innecesarias y la “nueva normalidad” coarta las libertades individuales. 

Sin decirlo con todas las letras, y cuidándose del error futuro, hubo dirigentes que alentaron a la población a realizar una vida social alejada de la burbuja laboral o familiar.

Mientras tanto, el mundo nos advertía la aparición de una segunda ola que obligaba a los gobiernos, de distintas extracciones política e ideológicas, a tomar  medidas extremas. Los resultados de hoy nos dicen que todos hicimos “oídos sordos” y las consecuencias las estamos comenzando a sentir. 

La argentina y Corrientes tuvieron la suerte de aprender la lección a partir de la experiencia ajena. La globalización informativa se convirtió en una oportunidad sin amenazas a nuestra identidad. La desaprovechamos y las secuelas, por múltiples razones, pueden ser graves.

 Esta vez, los comportamientos erráticos pueden llevarse vidas humanas. Aprovechemos los beneficios de contar con información al minuto. Europa nos mostró que las actividades recreativas de su último verano fueron las “germinadoras” de la segunda ola. 

Nosotros evitamos mirar aquella realidad. Primero, multiplicamos las fiestas clandestinas, y luego, se hicieron tan evidentes que se “oían” a los cuatro vientos. Solo hacía falta observar las zonas cercanas a la ciudad de Corrientes, durante los fines de semana, para ver la enorme cantidad de vehículos estacionados en casas de fin de semana. 

Era evidente que los participantes del encuentro no formaban parte de la misma burbuja. Por eso, terminaba estallando por el aire ni bien comenzaba el encuentro de los invitados al convite. Un ejemplo de cómo desafiamos a las “antipáticas” medidas de protección olvidando el distanciamiento, el barbijo. 

También  dábamos inicio a una extraña manera de percibir el respeto a la convivencia en sociedad. Mientras la salud nos acompaña somos “inmunes” al sufrimiento de los enfermos. En cambio, cuando perdemos el estado de bienestar reclamamos empatía con el momento familiar o personal que atravesamos. 

La gran mayoría nos sentimos abarrotados de información sobre la pandemia. Por eso, aprovechamos para ingresar a la “burbuja” de las redes sociales sin advertir que seriamos víctima del imperceptible “autoritarismo” del algoritmo. 

Desde ese momento, solo nos enteramos de noticias y opiniones que coinciden con nuestra visión. Un modo dañino para el pensamiento crítico que necesita cualquier sociedad. Aunque no podemos responsabilizarlas de nuestras grietas preexistentes, estoy convencido que las redes sociales las profundizan alejando el consenso social necesario para enfrentar momentos críticos.

Una porción importante de la población desperdició tiempo de aprendizaje. Cualquier alumno que advierte el déficit de conocimientos que provoca una nota adversa busca enderezar su rumbo al final del ciclo lectivo.

Nosotros en lugar de aprender la lección, profundizando la búsqueda de información, para fortalecer las defensas, optamos por “burbujas informativas o políticas” adaptadas a nuestras necesidades individuales.

Así comenzamos a evitar y ser indolentes ante noticias que relataban el descenso en la edad de las personas fallecidas, la saturación de las terapias intensivas y el cansancio del personal sanitario. También el faltante de camas para internación, las filas de ambulancias esperando la admisión de pacientes e incluso la imagen de cementerios abiertos día y noche.

Todas fueron noticias repetidas durante el año de pandemia. Cada una de ellas pudo convertirse en lección para ayudarnos a obtener la mejor nota.  Muy por el contrario, volvimos a ser víctimas de nuestro voluntario analfabetismo informativo dejándonos  llevar por comentaristas viciados de opiniones sesgadas.

¿Hace falta acostumbrarnos a romper el récord de contagios? ¿Por qué nos volvimos insensibles ante esa noticia? ¿Acaso no aprendimos que por cada caso positivo se suman varios “aliados” al enemigo invisible?

Estamos a tiempo de cambiar nuestra actitud. Necesitamos profundizar conocimientos y responsabilidad para frenara los contagios. Solo así evitaremos que se multipliquen las víctimas. Hasta ahora reprobamos la lección

No dejemos pasar la oportunidad del “recuperatorio” esperando la opción de una “previa”. Es momento de darnos cuenta que, a diferencia de la secundaria donde solo truncamos un título, ahora está en peligro la vida de todos.

P.D.: El Covid-19 no regala un abanico de opciones para más adelante: HOY DEBEMOS CUIDARNOS

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Opinión Carlos Bramante
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