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Carlos Bramante

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Columna de opinión

Abusos: reformas de un Papa en camino pedregoso

El Papa Francisco aprobó reformas al Código Canónico. Promovidas por los casos de abusos denunciados en el mundo. Argentina y Corrientes tienen numerosos ejemplos. Se trata de hechos que alejan a los fieles de la práctica religiosa. Las nuevas normas entrarán en vigencia el 8 de diciembre: día de la Inmaculada Concepción.

El Papa Francisco comprendió desde un principio, que debía transitar un camino sembrado de piedras para prevenir y castigar los abusos ocurridos en el seno de la iglesia. Decidió hacerlo en silencio más allá de algunas respuestas que parecían superficiales al ser consultado por la prensa.

 En sus años de papado construyó fortaleza, y seguramente enfrentó dificultades internas,  para producir los cambios anunciados esta semana. Solo cabe recordar las sufridas durante su visita a Chile. Hubo protestas y reclamos de víctimas y familiares decepcionados por la falta de repuestas. 

En el país trasandino, y en tantos otros del mundo, vieron en el  pontífice la última oportunidad tras golpear las puertas de numerosas autoridades eclesiásticas locales. Esas decepciones los llevó a sospecha la existencia de un “manto protector” para los acusados

Ahora se ofrecen “criterios objetivos en la identificación de la pena más adecuada a aplicar en el caso concreto. Se reduce la discrecionalidad de la autoridad, para favorecer la unidad eclesial en la aplicación de las penas. Especialmente para los delitos que causan mayor daño y escándalo en la comunidad”, dijo el Pontífice durante la presentación de las reformas.

Los cambios más significativos se encuentran contemplados en dos artículos, el 1395 y el 1398. Desde diciembre próximo se reconocerá que los adultos  pueden ser víctimas de sacerdotes que abusan de su autoridad. Los laicos que ejercen labores eclesiásticas podrán ser castigados por abusar de menores o adulto. Y se penalizará el grooming por parte de sacerdotes que inciten a participar de pornografía a través de medios electrónicos.

Además, se elimina la discrecionalidad  que permitía a obispos y jerarcas de la Iglesia ignorar o encubrir los abusos. Estos podrán afrontar responsabilidades por omisiones y negligencia a la hora de investigar y sancionar a sacerdotes denunciados.

Las medidas anunciadas en el Vaticano servirán a la justicia ordinaria para avanzar en los hechos denunciados. Ningún juez podrá amedrentarse ante las jerarquías eclesiásticas locales. 

También animará a las víctimas, o a sus familiares, a denunciar los hechos silenciados por la “protección” a los acusados y que terminaba convirtiéndolos en victimarios. El propio Papa reconoce la existencia de ese “manto protector”. Y los ejemplos de su existencia son numerosos a lo largo y a lo ancho de nuestro país y también en la provincia de Corrientes. 

En los últimos veinte años, en la Argentina hubo más de cien denuncias de abusos protagonizados por religiosos. Así lo informa la página web BishopAccountability.org convertida en biblioteca pública digital sobre la crisis de abuso del clero católico.

Todos recordamos el caso de Julio Cesar Grassi ocurrido hace muchos años, incluso otros recientemente juzgados, como el de los sacerdotes del Instituto Próvolo en Mendoza. En este último, fueron condenados dos religioso a más de 40 años de prisión por abusar de niños y adolescentes sordos e hipoacúsicos. También Corrientes registra un caso fresco en la memoria sobre el cual volveremos en párrafos siguientes

La trascendencia pública de abusos protagonizados por religiosos supone un derrotero complejo de atravesar no solo para las víctimas sino también para la prensa. Muchas veces, el periodismo termina siendo vocero involuntario de las desmentidas realizadas por los organismos de prensa vinculados a la Iglesia.

 Por eso, adquieren mayor relevancia las medidas anunciadas por el Papa Francisco al reconocer que los acusados son “protegidos” en diferentes formas. Entre otras, con el traslado a los obispados locales, e incluso a Roma, para evitar el asedio judicial y mediático. También se intenta directa, o indirectamente, persuadir a las víctimas para que desistan de las denuncias

Las reformas del Papa respaldan a la gran mayoría de sacerdotes que buscan transmitir confianza a los creyentes atormentados por las prácticas deshonestas de sus pares. También contribuirá a la reflexión de aquellos pastores que se molestan por el tratamiento de este tema en los medios de comunicación

En lo personal fueron varias las experiencias difíciles con sacerdotes en los que solo buscaba un mensaje esclarecedor y tranquilizador para los fieles. Era palpable en el tono de voz y en su rostro el enojo que les provocaba hablar de la cuestión. 

Las reformas son vitales para alentar a las víctimas a realizar las denuncias. En Corrientes tenemos ejemplos concretos de la indiferencia y la solapada protección a religiosos sometidos al banquillo de los acusados

El último caso tiene como protagonista a Osvaldo Ramírez. Un joven, oriundo de Esquina, que se animó a denunciar y hacer público, en el año 2011, lo sucedido con el sacerdote de su parroquia cuando era un adolescente. 

Atravesó el temor de su familia, el descreimiento de parte de la justicia correntina  y la indiferencia del obispado de Goya. Incluso, en algún momento del juicio ordinario recibió como “respuesta” el uso de un bien de la Iglesia para abonar la fianza que mantuvo en libertad, durante el juicio, al sacerdote acusado.

Ramírez también enfrentó, junto a su abogada la doctora Verónica Vergés, las dificultades que le presentó la justicia provincial. Recordemos que en un primer fallo, el acusado, fue absuelto pero luego el Superior Tribunal de Justicia ordeno su revisión al Tribunal Oral Penal de Goya. 

Recién en febrero de 2017, Domingo Jesús Pacheco, fue condenado a 13 años de prisión. Allí no terminaron las dificultades para la víctima. Tras la condena, el exreligioso realizó apelaciones y recién quedó firme la sentencia a mediados de 2018. De todas formas, su detención se demoró algunas semanas porque se mantuvo prófugo. Finalmente fue hallado por la policía y trasladado a cumplir la condena por abusar de un adolescente de 14 años.

Durante el proceso, el joven; su familia e incluso los profesionales del derecho que lo asistieron fueron víctimas de las risas jocosas y desafiantes de Pacheco. El mismo comportamiento tuvo estando fugitivo de la justicia mientras hablaba en los medios de comunicación.

En mi práctica religiosa habitual me gusta recorrer diferentes parroquias. Observo el esfuerzo que realizan algunos sacerdotes para transmitir un mensaje tranquilizador pero, al poco tiempo, queda neutralizado por la aparición de nuevas denuncias.

Seguramente la valentía del Papa Francisco será insuficiente para limpiar la trágica historia de abusos que lleva siglos dentro la iglesia. Tampoco alcanzará para evitar que sigan ocurriendo pero representa un paso trascendental para visibilizarlos. Y servirá para que los fieles regresen a sus parroquias tras la decepción provocada por respuestas superfluas o, peor aún, el “aturdidor” silencio de los religiosos locales. 

Las reformas del pontífice ayudarán a despejar un camino difícil de transitar para quienes analizan alejarse de la práctica religiosa y emprenden un camino más directo para su encuentro con Dios. Otros buscan alternativas en confesiones que aprovechan esta debilidad de la iglesia Católica para favorecer su crecimiento.

Cuando nos referimos a los casos de abuso aparece inmediatamente la discusión sobre el celibato. Más allá de las posiciones individuales que cada uno tengamos se trata de un reglamento de la iglesia y debe ser respetado por los que eligen el camino voluntario del sacerdocio. En lo personal, no lo comparto pero entiendo que es un debate que deberá enfrentar en los próximos tiempos el Vaticano. 

Indudablemente la discusión sobre el celibato no podrá detenerse en su eliminación o no. De hacerlo, deberá contemplar posiciones más profundas que sostiene la Iglesia Católica. Entre otras, el rechazo a la unión de personas del mismo sexo. Planteo esta cuestión porque buena parte de los abusos protagonizados por religiosos tuvo como víctima a un varón. 

La  iglesia de Corrientes tiene un caso abierto que necesita investigarse. Se trata de la denuncia realizada por la delegada local de Caritas en el santuario de San Cayetano contra el sacerdote Jorge Daniel Danuzzo.  Las reformas anunciadas por el Papa deben servir de impulso para el Arzobispado de Corrientes y la justicia ordinaria de la provincia. 

En este caso hay que destacar el compromiso asumido el año pasado por el arzobispo Monseñor Andrés Stanovnik. El prelado emitió un comunicado informando el inicio de una investigación interna y su respaldo a la acción penal.

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Opinión Carlos Bramante
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