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Carlos Bramante

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Columna de opinión

Antivacunas: ayuden a cuidarnos entre todos

Es un grupo pre-pandemia. Participan desde artistas a profesionales de la salud. Las redes sociales son el mejor “vehículo” para comunicar una decisión peligrosa. Sus consecuencias son evidentes. Enfermedades erradicadas regresaron como epidemia.

No te enojes si te considero un peligro. Decido hacerlo con la misma libertad que elegís no vacunarte. Podemos convivir juntos pero dame la oportunidad de saber para cuidarme. 

Soy un convencido que las minorías luchan por sus derechos con más fuerza que las mayorías. Incluso considero inapropiados algunos métodos pero, a veces, se vuelven necesarios. Esta no es la ocasión.

Con el coronavirus no tenemos opción para confundirnos. Proponer que la población no se vacune, sencillamente, es poner en riesgo la vida humana. La de mi familia, mis amigos, mis compañeros de trabajo y, porque no, la mía. 

Recuerdo pedidos desesperados de empatía en redes sociales. Me atrevo a pensar que muchos lo hicieron sin conocer el significado de la palabra. Esta es una oportunidad para ponerla en práctica. 

Prefiero los desórdenes y las incomodidades de la campaña de vacunación en Capital y el interior de la provincia. Tampoco dejo de reclamar una mejor organización para no repetirlos. 

Destaco el trabajo del personal sanitario. Incluso, de madrugada para evitar el vencimiento de vacunas. Realidad denunciada en otras ciudades del país. Y acompaño su reclamo laboral siendo consciente que, la mejor respuesta, será insuficiente para recompensar su lucha contra la pandemia. 

Los antivacunas no deben tener temor a expresar su posición. Tampoco pueden abusar de la libertad que gozamos y ser temerarios con una opinión que puede ser mortal. Sobran ejemplos que me dan la razón.

Solo reclamo el derecho a cuidarme y elegir si quiero compartir con alguien que no se vacunó. Para vivir en sociedad, los antivacunas necesitan ser conscientes que someten a un riesgo innecesario a sus semejantes.

 Todos tenemos derecho a saber quién no está vacunado. Algunos proponen una pulsera, otros el carnet de vacunación. Seguramente habrá alternativas más sencillas y menos estigmatizantes. 

No se trata de “colgarle” un cartelito a quienes eligen caminos alternativos. Solo, necesitamos ayudarnos entre todos para no multiplicar las penosas experiencias que conocemos.

Hay profesionales de la salud que ofrecen tratamientos alternativos. Son los que inspiran a los sectores antivacunas para comunicar una práctica riesgosa. No solicito sanciones, como lo hizo el Colegio Médico de Córdoba,  pero sí les reclamo que eviten propagar mensajes carentes de respaldo científico. 

No podemos dilapidar los avances de la ciencia. Quizás son demasiados en poco tiempo y, un grupo de humanos, acostumbrado a un ritmo diferente, no asimila con igual velocidad, los beneficios logrados en tiempo record.  

Tampoco sirven las aclaraciones posteriores. Menos aún, echar culpas a la prensa con la reiterada frase “me sacaron de contexto” como ocurrió con integrantes de Los Nocheros. 

Si una posición depende del efecto mediático mejor es mantenerla en silencio hasta obtener información veraz. No se puede utilizar la credibilidad que el público confiere para comunicar una falsa “verdad”. Y menos argumentar que “no sabía”.

Para comprender una de las bases de la vida en  sociedad tenemos que despojarnos de egoísmos que dañan a terceros. De lo contrario, deberíamos elegir una “isla paradisíaca” que cumpla nuestros sueños individuales. Sería la opción más aséptica para todos. 

Es cierto que los argentinos nos sometemos a debates interminables por el escaso consenso que alcanzamos. Esta vez, propongo excluir de cualquier “grieta” a todos los operativos de vacunación, no solo contra el Covid-19.

Hay que remarcar que la “campaña” de los antivacunas arrancó mucho antes de la pandemia. Entonces, es la oportunidad para abortar su “propagación” y evitar las consecuencias causadas en otras regiones del mundo. 

Viejas enfermedades erradicadas volvieron a afectar, volviéndose epidemia, en algunos países desarrollados. Mostremos con habilidad que el desarrollo no solo es económico sino también del conocimiento.

Tampoco dejemos de reclamar el esclarecimiento de las dudas. Comparto con los antivacunas que no pueden arrastrarnos como “rebaño” los gobiernos, las multinacionales, los laboratorios y, menos aún, las ideologías de moda. Antes, asumamos el compromiso de cuidar la salud pública con las herramientas disponibles. 

Aplaudo, de pie y con fuerza, el comportamiento de los correntinos que asisten masivamente a los vacunatorios. Valoro la organización y desarrollo de la campaña de vacunación en Corrientes.

Para finalizar recurro a una frase trillada. No permitamos que germinen “semillas” de “árboles” que nos “tapen el bosque”.

¡YO ME VACUNO!

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Opinión Carlos Bramante
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