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Carlos Bramante

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Columna de opinión

Elecciones: oportunidad para elegir el camino

La columna de hoy propone debatir estrategias educativas y laborales. Revertir la elección de carreras tradicionales y escasez de egresados para nuevas profesiones. Recomponer la cultura del trabajo. ¿Vocación o servicio militar para los jóvenes?

La democracia Argentina sigue siendo joven y hay que asumir los errores propios de su “edad”.  Para algunos estamos en un “tobogán” con destino incierto y otros renovamos la esperanza de encontrar la “autopista” del progreso. 

Un exceso de pesimismo u optimismo que solo alienta las infinitas y estériles grietas. A modo de autocrítica, debemos asumir que la  maduración de nuestro sistema político depende de nosotros. Cada dos años renovamos la oportunidad de perfeccionarlo.

 No podemos desaprovechar una elección. Solo así encontraremos el camino que nos contenga a todos. Las herramientas de un domingo electoral son variadas. Solo necesitamos ponerlas en práctica.

La tarea no es individual sino colectiva y no podemos desaprovechar las cualidades de ningún habitante. Si no las tiene a simple vista hay que pulirlas para encontrar su vocación. 

Lo importante es evitar que emigren a incierto destinos idílicos. La realidad puede ser diferente a los testimonios deliberadamente difundidos. Los relatos del éxito se propagan fácilmente y los del fracaso se invisibilizan

Los últimos no tienen buena fama. Los escuchamos en charla de amigos o por comentarios de allegados. Así nos enteramos que el resultado del destierro son miles de kilómetros para realizar tareas que consideramos “deshonrosas” en nuestro ámbito. 

La educación es un pilar fundamental para el progreso. Lamentablemente es una de las deudas más profundas y ausente en los debates pre-electorales. La semana pasada una consultora de recursos humanos informó que el 72 % de los empleadores sostiene que en la Argentina falta personal capacitado

Hace pocos días conocimos la preocupación en la Armada y el Ministerio de Transporte por la falta de profesionales y aspirantes para la carrera de Maquinista Naval. Su escasez pone en peligro al transporte marítimo y llevaría a la contratación de extranjeros pese a tener sueldos de hasta 550 mil Pesos.

La deserción escolar continúa en todos los niveles y se profundiza en las universidades. Además, las carreras técnicas son poco elegidas mientras las tradicionales tienen egresados sin salida laboral. Terminan sometidos a trabajos para los cuales no están capacitados. 

Hace años se promocionan charlas vocacionales para adolescentes indecisos sobre su futuro profesional. Es evidente que el resultado es deficitario. 

Corrientes tiene varias universidades con una amplia variedad de carreras pero las más elegidas siguen siendo las mismas. Se buscan profesiones de moda que solo llevan al desempleo. 

Es importante resaltar la gestión provincial con la apertura de Institutos de Formación Docente (I.F.D.) en pequeñas localidades del interior. Pero es necesario pedirles a las autoridades que presten atención a la cantidad de nuevos profesionales. La sobreabundancia llevará a un “cuello de botella” que dejará sin trabajo a los egresados. 

También hay que debatir otro argumento de los empleadores: “no se consigue trabajadores porque prefieren los planes sociales”. Hace poco un empresario misionero relató que tiró toneladas de citrus porque no conseguía cosecheros. 

Aparentemente se negaban a registrarse laboralmente porque perderían los beneficios del Estado. Solo hay que recordar que la estabilidad laboral es otra deuda pendiente. Y, por eso, el Estado se volvió el “patrón” más confiable. 

Se necesitan oficinas de control activas para desalentar la informalidad laboral y la Trata de Personas. Realidades detectadas en varias oportunidades en Corrientes.

Tampoco necesitamos una Argentina convertida en mano de obra barata para fabricar productos a bajo costo que luego se comercialicen a precios altos en el resto del mundo.  

Hay que buscar los motivos del desapego laboral en la juventud. Algunos creen que se soluciona imitando al flamante Presidente de Perú, Pedro Castillo, que propuso “un servicio militar para jóvenes que no trabajan ni estudian”. 

Para otros sería un retroceso y algunos apoyan la medida pero solo con los hijos ajenos aunque los propios tampoco tienen destino laboral. Incluso cometen los mismos vicios y protagonizan iguales desmanes que sus pares etarios.

Para torcer nuestro destino necesitamos ser más exigentes con los candidatos, partidos y coaliciones electorales. Los eslóganes de campaña parecen un  intercambio de voto por  “espejitos de colores”. Las propuestas brillan por su ausencia.

Nuestra indulgente exigencia con la dirigencia política les permite esquivar el debate de los problemas estructurales. Terminamos envueltos en discusiones coyunturales y atados a un presente sin futuro.

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Opinión Carlos Bramante
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