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Carlos Bramante

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Columna de opinión

El domingo votamos, desde el 10-D deben gobernar

Este domingo es el más importante. Podemos ejercer el derecho a elegir representantes. Es la oportunidad de sellar un acuerdo entre ciudadanos y candidatos. El objetivo: resolver los problemas de la sociedad. El resultado: apatía o entusiasmo con la dirigencia política.

El 10 de diciembre es un día emblemático para la Argentina y cada una de sus provincias. Junto a las diversas fechas electorales, simboliza el funcionamiento de nuestro Sistema Representativo, Republicano y Federal. Recuerda el regreso de la Democracia en 1983 y también la instauración de un modo de vida que, nada ni nadie, puede volver a alterar. 

Hago memoria de las claves de la forma de gobierno sabiendo que la primera es la que hoy ejercemos todos los ciudadanos. “Mañana” la responsabilidad será de los elegidos para ocupar los espacios de poder.

Los habitantes sometidos a la ausencia de respuestas a sus problemas se sienten “huérfanos” de representantes. Esa orfandad les hace dudar entre el que se “vayan todos” o renovar la esperanza de encontrar al intérprete de sus necesidades. Por eso, un domingo de elecciones se convierte en la “receta sanadora” para encontrar “la cura” a las demandas sociales insatisfechas. 

Corrientes también sufrió las consecuencias de la inestabilidad institucional al ser una de las provincias con más intervenciones federales. Y también el 10 de diciembre se transformó, desde inicios del siglo XXI, en un ícono del camino elegido para administrar nuestro destino. 

Nadie desconoce las dificultades para satisfacer a todos los habitantes pero la ausencia de políticas de estado aumenta el descontento sobre la clase dirigente. Prospera el desgano en tiempos electorales y muchos optan por el “voto bronca”.  Ni siquiera analizan herramientas alternativas como el corte de boleta. 

Los representantes tienen la obligación de fortalecer el entusiasmo cívico. No alcanzan las frases marketineras o los musicales movedizos reiterados hasta el hartazgo. No abusen de la indiferencia ciudadana porque el próximo paso es peligroso. La democracia se consolida poniendo en práctica las plataformas electorales. 

El encargado del Poder Ejecutivo no es el único. La orfandad de representación se palpa cuando los ciudadanos no conocen a sus legisladores. ¿Es “obligación” conocerlos por ocupar una banca o a través de proyectos presentados? La respuesta pareciera sencilla, pero los resultados de las consultas de opinión dicen lo contrario. Es elevado el desconocimiento que hay en la población sobre sus representantes. 

Algo falla cuando solo conoce a una minoría de los integrantes de un cuerpo legislativo. Quizás así se entienda porque el costo de los políticos hace tambalear el espíritu democrático y republicano de la sociedad. Propuestas para evitarlo hay miles. Pongan en práctica y transmitan señales que alimenten las ganas de elegirlos

La ausencia del dialogo político es la principal carencia que propaga el malestar ciudadano. La voluntad de dialogar no solo depende de los ejecutivos sino también de los legisladores y de toda la clase dirigente. Para la ciudadanía se torna abrumador el “juego de las escondidas” que practican a través de acusaciones cruzadas. El rol de oficialismo y oposición debe ser creativo y no destructivo.

No defrauden la confianza otorgada para los próximos cuatro años. No se aíslen en discusiones sectoriales que pueden llevarlos a fracasos electorales. El ciudadano entiende que ofrecen nada y considera a sus representantes un gasto mientras “sufre” la presión impositiva sobre su trabajo. 

No alcanza con proponer temas de moda porque, muchas veces, están alejados de las necesidades concretas. Es cierto que los estadistas desafían a las mayorías pero también demuestran resultados universales en un periodo aceptable de tiempo. De lo contrario, parecen criterios grupales destinados a construir “nichos” de poder. 

También se necesita firmeza en las acciones de gobierno. No pueden estar supeditadas a encuestas ocasionales destinadas a sofocar “incendios”. Mientras tanto, las soluciones estructurales “brillan” por su ausencia.  

El nivel de insatisfacción por la cantidad de integrantes de los cuerpos legislativos es directamente proporcional a su rendimiento. En pandemia han sido frecuente las publicaciones, en redes sociales, sobre el sueldo de los legisladores. La cantidad de bancas no es sinónimo de bienestar para la población. Sobran los ejemplos con menos actores y mejor rendimiento legislativo.

Si disminuye el entusiasmo electoral no cometan el error de pensar que hay ciudadanos holgazanes. Es un “grito” de atención ante la orfandad que agobia a la sociedad. No sean analistas ni promotores de “relatos” o “grietas” ideológicas, sean gestores de los problemas de la gente.

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Opinión Carlos Bramante
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