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Dr. Guillermo Chas

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Columna de opinión

"Llegó la hora de la Boleta Única de Papel"

El domingo asistimos a un despropósito, con 56 boletas para elegir entre 2 candidaturas. Corrientes necesita una reforma política urgente.

Los resultados de las elecciones del domingo pasado aportaron un dato llamativo: la amplia mayoría de los votantes eligieron únicamente entre dos candidatos a gobernador y los restantes no votaron a una tercera alternativa sino que emitieron votos impugnados o en blanco.

Sin embargo, al entrar al cuarto oscuro, los electores correntinos asistimos a un despropósito ya que nos encontramos con 56 boletas, producto de un sistema electoral arcaico y vetusto que permite que cada partido que integra una alianza lleve su propia papeleta, aún cuando los candidatos son los mismos en todas las listas sábana que presenta cada una de las fuerzas políticas nucleadas bajo un mismo espacio.

La irrisoria escena se repitió a lo largo y a lo ancho de las 2.566 mesas habilitadas en el territorio provincial, poniendo en evidencia, ante los ojos de la ciudadanía, la incoherencia de un mecanismo electoral que es caro, complejo, confuso e incluso nocivo para el medioambiente, ya que requiere de la impresión de cientos de miles de boletas en las cuales lo único que cambia es el número y el sello que figura en el encabezado.

Las razones que justifican esta ingeniería electoral son variadas, pero quizás la más mezquina es la que la sigue sosteniendo en pie: medir el peso de cada sello partidario en los frentes electorales. Si bien los candidatos son los mismos, la multiplicidad de boletas permite saber cuántos votos aportó cada partido de acuerdo a las veces que aparece la nómina con su número y sello al abrir los sobres para realizar el recuento.

De este modo el sistema electoral recepta y en cierto modo legitima a ese concepto de dudosa moralidad pero muy repetido en la política: el concepto de "mi gente" o "mis votos", que pretende desconocer que los electores y sus votos no pertenecen a los dirigentes ni a los partidos sino a los ciudadanos que ejercen su derecho constitucional a sufragar.

En este contexto, la necesidad de una reforma política urgente se realza, no solo para atender cuentas pendientes que ya han estado sobre el tapete pero no han sido resueltas a nivel provincial, como es el caso de la paridad entre hombres y mujeres o el voto de los jóvenes de 16 a 18 años, sino también para resolver una cuestión aún más elemental: cómo jerarquizar el acto eleccionario, simplificando y transparentando los mecanismos tanto para la emisión del voto como así también los aplicables para el escrutinio.

En la Provincia de Corrientes las elecciones se rigen por un Código Electoral Provincial sancionado en el año 2001, mediante el Decreto Ley 135, durante la última intervención federal. Ese cuerpo normativo no es más que un calco del Código Electoral Nacional que regía por entonces y, a 20 años de su sanción, su reforma integral se torna necesaria. Después de la escena vivida el domingo, donde se necesitaron alrededor de diez pupitres para colocar las boletas y algunos más para llevar a cabo el recuento, está claro que en Corrientes llegó la hora de la Boleta Única de Papel.

Para una provincia que en los últimos años ha querido posicionarse como líder en materia de desarrollo y modernización, estar entre las pioneras en adoptar ese instrumento electoral sería un logro significativo y un mensaje de adaptación a los tiempos que corren.

La Boleta Única de Papel es recomendada por especialistas en derecho y gestión electoral, como así también por importantes organizaciones de la sociedad civil que abogan por la implementación de políticas públicas de transparencia electoral como es el caso de CIPPEC y la Red de Acción Política (RAP). Es un instrumento que permite ahorrar dinero público, ya que se imprime una sola boleta, y evita artimañas como la desaparición de papeletas o la aparición de nóminas adulteradas, los fiscales no tienen que estar pendientes de la reposición de boletas y el elector marca la opción de su preferencia con una lapicera, sin tener que pasar a mostrar su cara en una sede partidaria para no sufrir represalias o exponerse al boleteo en las inmediaciones de las escuelas.



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