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Carlos Simón

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paso 2021

Un nuevo cachetazo

Lo que primero habría que decir en el análisis del resultado de las PASO es que estamos ante un tremendo voto castigo.

El mismo que se aplicó en el 2015 a Cristina, el que se profundizó en el 2019 a Mauricio Macri y el mismo que terminó de consolidarse en estas elecciones a Alberto Fernández.

Claramente no se trató de un voto esperanzador de cambio.

Fue un voto de hartazgo. De Cansancio. De decir Basta.

Ahora bien. ¡El voto castigo a que obedece?

Sin dudas al descontento de la mayoría de los argentinos.

El descontento se da por varios motivos: la Pandemia, el cierre de escuelas, que desbarató a muchas familias, foto en Olivos de Fabiola marcando los privilegios gobernantes, declaraciones desafortunadas fuera de todo marketing político de Tolosa Paz, Alberto opinando de casi de todo, la imagen negativa de Cristina y la creencia mayoritaria de su incidencia en el Gobierno.

En ese análisis encontramos variados motivos pero el principal seguirá siendo el económico.

Un país que no arranca. Que al contrario profundiza su crisis y que no encuentra solución a ninguno de sus problemas estructurales.

Los planes no alcanzan para paliar el descontento creciendo la sensación de una realidad que agobia y golpea duramente a todos los sectores.

Los sueldos promedios no permiten a la mayoría de los argentinos hacer frente a las necesidades de sus hogares.

Ante la falta de un escenario previsible, se hace cada vez más difícil elaborar proyecciones económicas personales, familiares y/o empresariales  que puedan sostenerse en el tiempo.

Mes a mes la inflación destruye expectativas generando decepción.

Ningún valor o unidad de referencia económica permanece sin alteraciones mensuales.

Así es imposible.

La esperanza rápidamente se transforma en decepción.

Y la decepción en descontento.

La dirigencia política argentina no encuentra o no quiere encontrar- defendiendo sus privilegios- la forma ni el camino.

Parecieran no entender que el problema estructural es económico. Que la inflación destruye cualquier plan de vida excepción de los que se enriquecen, directa o indirectamente, con dinero del Estado.

No se trata de una cuestión ideológica. No se trata de derecha, ni de izquierda.

Hoy el Gobierno además de la cuestión económica tiene una tormenta política, configurando la “tormenta perfecta”.

La posibilidad de que sigan en el 2023 es remota. Mucho más si no se concentran en lo que se tienen que concentrar.

¿En qué deberían concentrarse?

James Carville, estratego de la campaña de Bill Clinton en 1992, había acuñado una frase ligeramente diferente a la que después se popularizó.

"La economía, estúpido [The economy, stupid]", sin verbo alguno, era lo que en realidad figuraba en el cartel que el asesor colgó en las oficinas del por entonces todavía gobernador de Arkansas.

“Es la economía, estúpido”…

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