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Carlos Bramante

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Columna de opinión

Honremos la sangre derramada en Malvinas

Esta semana identificaron los restos de otro héroe correntino. Este año hubo voces que pusieron en duda la soberanía argentina. Alteran el éxito de cualquier reclamo diplomático. Y nos someten a la pérdida de territorio o a un nuevo conflicto bélico.

Marciano Verón, oriundo de Saladas, prestaba servicios en Gendarmería y fue llevado al archipiélago austral cuando tenía 32 años. Falleció tras un ataque británico el 30 de mayo de 1982.

Es la historia de muchos argentinos que pese al desconcierto provocado por la guerra, sobre la cual no es momento de intercambiar opiniones acerca de su conveniencia, quedaron o volvieron con la seguridad de haber defendido el suelo patrio.

Este año escuchamos voces desafiantes de la Constitución Nacional que reivindica la legítima e imprescriptible soberanía argentina sobre las Islas Malvinas. Quienes carecen de esa convicción desconocen la importancia de las tierras usurpadas.

Las 650 vidas perdidas de hermanos argentinos, los más de 1.200 heridos durante el conflicto y los miles de ex combatientes y veteranos que padecen secuelas, no merecen el desaire de referentes intelectuales y políticos del país. No pueden hacerlo ante la facilidad de un medio de comunicación o, peor aún, utilizando su “pensamiento o investigación histórica” para una estrategia sectorial.  

Nuestros héroes no merecen que la soberanía de Malvinas sea entregada, negada o intercambiada como mercancía de supermercado. Divididos no conseguiremos el reconocimiento internacional que permita la devolución de aquella tierra nutrida con sangre argentina.

En medio de una dolorosa pandemia que deja casi 115 mil personas fallecidas y una  campaña electoral marcada por la ausencia de propuestas inteligentes, algunos referentes quisieron sorprendernos con ofertas, investigaciones y pensamientos alejados de la Causa Malvinas.

Solo recordemos a la exministra de Seguridad Patricia Bullrich ofreciendo ese territorio a cambio de vacunas Pfizer o los tuits de la candidata a diputada nacional e historiadora Sabrina Ajmechet quien en 2015 escribió: «las Malvinas no existen. Las Falkland Islands son de los kelpers». Y también las expresiones de la ensayista Beatriz Sarlo cuando afirmó que «las Malvinas son territorio británico».

Aclaraciones, desmentidas o la típica frase “me sacaron de contexto” no borran las expresiones vertidas ni curan el dolor causado a los excombatientes, sus familiares y la inmensa mayoría que defiende la soberanía argentina sobre Malvinas.

Solo repasemos el pensamiento de las familias de nuestros héroes cuando eligen dejar sus restos en la tierra austral. Así expresó Jesús Verón, familiar del gendarme identificado por el Equipo Argentino de Antropología Forense. 

En diálogo con Radio Dos, el hermano menor de Marciano, también dijo que espera “viajar alguna vez a las islas para visitar su tumba”. Al deseo íntimo que cobijan sus palabras se suma el sentimiento de pertenencia que tenemos los argentinos y ninguna declaración mediática puede agraviar.

Las heridas de la guerra de 1982 aún no cicatrizaron y nuestra deuda con los argentinos que dieron su vida será eterna. Por eso, no podemos hablar de Malvinas con la liviandad y seducción que producen las cámaras y micrófonos, las redes sociales y las campañas electorales.

Menos oportuno es hacerlo mientras transcurre uno de los procesos más dolorosos para la humanidad. Una pandemia que nos colocó en una encrucijada que pudo confundirnos y equivocadamente llevarnos a ofrecer lo más valioso a cambio del antídoto que salve vidas.

Vivimos un momento que requiere dirigentes y pensadores equilibrados para defender con inteligencia los intereses argentinos. De la misma forma que lo haría un referente de familia con el bien más preciado al que cuida por su valor económico y afectivo. Malvinas es la “perla Austral” y la protegeremos hasta quedarnos sin aliento como nos enseñaron los Padre de la Patria

No quiero pecar de ingenuo y tampoco levantar el dedo acusador sobre quienes piensan diferente. Es una conducta válida para una sociedad de consenso, solo debemos ser conscientes que no es el comportamiento habitual de nuestros referentes. 

Es necesario rechazar periódicamente cualquier expresión que pongan en duda la soberanía argentina sobre Malvinas. Las pertenencias político-partidarias tampoco pueden encontrarnos distraídos. La liviandad de algunos solo favorece las grietas que acarreamos desde los albores de la patria. 

Debemos ser respetuosos con la memoria de nuestros héroes y honrar su sangre derramada. No podemos olvidar las lágrimas de miles de familiares que perdieron un ser querido o temieron perderlo durante la guerra. 

 “Las Malvinas son argentinas” debe ser un grito ensordecedor cada vez que se escuchen voces intentando sembrar dudas sobre la defensa de su soberanía. 

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