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Dr. Guillermo Chas

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Columna de opinión

Final de una semana agitada: conclusiones que nos deja el cambio de gabinete

El balance de salidas y entradas en el equipo de gobierno permite analizar el nuevo mapa de poder. Por un lado el ala cristinista es la más beneficiada. El sector albertista recibió bajas sensibles pero no quedó a la intemperie.

Alberto Fernández toma juramento al nuevo gabinete

Tras la inesperada y contundente derrota sufrida por el gobierno nacional en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias del pasado 12 de septiembre, se produjo una crisis política que sacudió todo a partir de la renuncia de ciertos ministros, referenciados en el kirchnerismo. El conflicto catapultó frenéticas negociaciones dentro de la coalición gobernante para la conformación de un nuevo gabinete que se estrenó esta semana.

Lo llamativo de la cuestión es que, de los renunciantes, fueron pocos los que dejaron sus cargos, poniendo a flote el cuestionamiento acerca de si las renuncias tenían un origen sincero de reconocimiento de responsabilidad política ante el fracaso electoral del gobierno o si, por el contrario, constituyeron un mecanismo de presión interno de un sector del espacio destinado a forzar cambios ante una inicial negativa del presidente Alberto Fernández por llevar adelante modificaciones. Los resultados de la movida parecen indicar la segunda opción.

El balance de salidas y entradas en el equipo de gobierno permite analizar el nuevo mapa de poder. Por un lado el ala cristinista es la más beneficiada. El sector albertista recibió bajas sensibles pero no quedó a la intemperie. Mientras que el massismo parece haber capeado el temporal sin demasiadas consecuencias negativas.

La continuidad de Eduardo de Pedro como ministro del Interior no deja de signifcar un triunfo del sector de Cristina Fernández de Kirchner. La salida del ex Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, podría interpretarse también como una victoria de La Cámpora, que hace meses venía empujando su desplazamiento, aún cuando su reemplazante, Juan Manzur, es un gobernador de excelente relación con Alberto y todavía son recordadas sus explícitas diferencias con Cristina.

Cafiero recaló en la Cancillería. La salida de Felipe Solá, gafe diplomático mediante, podría verse como un pequeño traspié del massismo, sector que lo impulsó para ese cargo, aunque son muchos los que lo consideraban un free rider, incluso en el propio espacio del tigrense que cuenta como único ministro propio a Alexis Guerrera, ajeno al tembladeral y confirmado al frente del Ministerio de Transporte.

En Seguridad, el reemplazo de Sabina Frederic – promovida por el albertismo y fuertemente rechazada por el kirchnerismo con Sergio Berni como principal antagonista – por el inagotable Aníbal Fernández, puede leerse como un win-win ya que, a pesar de haber tenido fuertes diferencias con el presidente tras su época de ministros del gobierno de Cristina, en los últimos tiempos se había convertido en un fuerte defensor del mandatario y su habilidad mediática de la gestión puede ser capitalizada por Alberto Fernández, que venía sufriendo duros reveses en este ámbito.

En el ámbito comunicacional, la eyección del vocero presidencial, Juan Pablo Biondi, de estrechísima confianza del presidente es, sin lugar a dudas, un triunfo de Cristina, que criticó abiertamente al ex funcionario hoy reemplazado por Juan Ross. De igual modo puede leerse el reemplazo de Nicolás Trotta, de clara filiación albertista, por Jaime Perzcyk como nuevo Ministro de Educación.

La búsqueda de volumen y músculo político parece haber sido una decisión común en los cambios ejecutados, ya que no solo se concretó el ingreso de Manzur y Fernández a dos carteras de peso, sino que también volvió al ruedo Julián Domínguez, un hombre de larga trayectoria y aceitados vínculos en el PJ bonaerense y nacional. El chacabuquense, ex presidente de la Cámara de Diputados y de un perfil moderado y dialoguista que lo asemeja a dirigentes cultores de la rosca tales como Florencio Randazzo o Emilio Monzó, recalará nuevamente en el Ministerio de Agricultura, para hacerse cargo de la relación con un sector que suele ser esquivo al actual oficialismo: el campo. Las derrotas en el interior de Buenos Aires y en otras provincias donde el agro pisa fuerte parecen difíciles de revertir y Domínguez tendrá, entre sus tareas, cosechar en un ámbito donde la siembra no ha sido lo suficientemente fértil.

Así las cosas, queda en evidencia que el Frente de Todos ha buscado dotar de mayor contundencia política al gabinete, privilegiando los nombres y las trayectorias por sobre otras banderas que quedaron relegadas tras estos enroques. Una de ellas, quizás la más visibles, sea la de la paridad y la participación de las mujeres en los altos cargos: todos los nuevos funcionarios son hombres, lo que generó tensiones internas con la Ministra de Mujer, Elizabeth Gómez Alcorta y la Secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, quienes si bien continúan en sus cargos, han debido soportar un golpe contundente a una de sus principales causas de militancia interna en la estructura gubernamental.

Con las elecciones generales de noviembre a la vuelta de la esquina, y el desafío de revertir un resultado que, como ya habíamos advertido, pone en jaque el quórum oficialista en el Senado, los nuevos ministros estrenaron sus cargos y afrontan la difícil tarea de salir del pantano de la crisis política en medio de una coyuntura económica que se ha reafirmado como la madre de todas las batallas: allí los responsables seguirán siendo los mismos, ya que Martín Guzmán y Matías Kulfas pasaron el rubicón y tendrán en sus manos – y en sus lapiceras – una signifcativa responsabilidad en aras a revertir los magros resultados de dos semanas atrás.

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