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Carlos Bramante

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Columna de opinión

Libertad consciente y no consentida

La pandemia se aleja y nos deja una forma diferente de vivir. La Nación anunció el cese de la mayoría de las restricciones sanitarias. Las opiniones políticas solo contribuyeron a “la grieta”. Dependerá de nosotros ahuyentar a la “tercera ola” de Coronavirus.

No se trata de una columna de autoayuda y, menos aún, de conocimientos profesionales sobre la psicología humana. Solo intento que reflexionemos sobre la manera de vivir la “nueva normalidad” sin aventurarnos a creer que derrotamos al virus.

El gobierno nacional anunció la eliminación de la mayoría de las medidas sanitarias que modificaron nuestra vida en el último año y medio. Algunos, consideran acertada por la disminución de personas contagiadas y fallecidas por COVID-19. Otros, sostienen que no es el momento porque el peligro sigue latente y podría descontrolarse la cepa Delta.

Ahora dependerá de las provincias y municipios adoptar las medidas adecuadas para cada jurisdicción. En Corrientes, el gobernador Gustavo Valdés anunció la continuidad del uso obligatorio del barbijo.

Además, cada uno de nosotros, tendremos que protegernos individual y colectivamente. Las idas y vueltas de la dirigencia, durante el periodo pandémico, nos enseñaron a utilizar el “cedazo” de los desaciertos. 

No desperdiciemos esa enseñanza colectiva y evitemos caer en reacciones casi patológicas. Incluso, podríamos explicarlas más sencillamente apelando a dichos populares como el de la ilustre y desconocida: “Gata Flora”. 

Seamos conscientes que esa realidad vivimos hace pocos días. Los que antes se oponían a las restricciones por tratarse de un ataque a la libertad, ahora las quieren conservar. Muchas de esas opiniones están cargadas de necesidades electorales y amparadas en consejos de profesionales teñidos por colores partidarios o aprendices de político. 

Sabemos que los anuncios se realizaron tras la derrota electoral del gobierno nacional. Su objetivo es evitar otra en noviembre que modifique la actual composición del Congreso. Mientras tanto, nuestra salud no puede quedar supeditada a la discusión sobre la deseada y mal utilizada mayoría en las cámaras legislativas.

No quedan dudas que el resultado de las P.A.S.O. generó intereses que exceden al cuidado sanitario de la población. Por ello, debemos asumir conductas responsables y pensadas de acuerdo a la ciudad que habitamos.

El enemigo no fue vencido y tenemos experiencia sobre la confusión causada por los desatinos de la dirigencia política. Solo recordemos a un ex presidente cuando consideró al coronavirus como “una gripe, algo más grave”. En aquel momento las voces de condena no tardaron en caer sobre Mauricio Macri.

Ahora, en la vereda contraria, un candidato a diputado nacional dijo que están “transformando la pandemia en algo más parecido a la gripe”. Las estadísticas le dan la razón a Daniel Gollán para expresar una frase que se vuelve título de cualquier publicación periodística. Pero, más adelante, el exministro de salud bonaerense aclaró que el riesgo disminuye solo si caminamos (sin barbijo) por “una calle donde hay poca gente”.

El párrafo anterior pone en escena a la conocida y dañina: “letra chica”. La misma que no estamos acostumbrados a leer y lleva a confundirnos o alejarnos de las medidas de prevención. Solo observemos que en las calles más transitadas de la ciudad de Corrientes ya se ven muchas personas sin mascarilla. 

¿Quién no fue víctima de la “letra chica” alguna vez? Algunos perdieron una cuota mensual, otros; los ahorros de toda la vida. Esta vez no están en juego elementos materiales sino la salud de la población y la vida de cada persona. 

Todavía sufrimos las consecuencias de los comportamientos equivocados. Entre otros motivos, la violación de las restricciones fue mortal para casi 115 mil argentinos y más de 1.500 correntinos. Y los sobrevivientes quedamos inmersos en el vacío dejado por alguien que ya no está, e incluso, se cuidó mejor que quienes no lo hicimos. Sin olvidar a los que todavía padecen las secuelas del coronavirus.

Atravesamos una segunda ola de la enfermedad siendo protagonistas, o no, de fiestas clandestinas o encuentros sociales carentes de prevención. La desobediencia llevó a que la policía de la provincia traslade a los “niños malcriados” a sentarse en los patios de sus comisarias.

Hoy el escenario es más sereno y nos alienta a mirar el “vaso” medio lleno. Hagámoslo con la felicidad de estar vivos y sabiendo que los errores se llevan vidas inocentes. La experiencia nos regala sabiduría para no “tropezar con la misma piedra” aunque tengamos tendencia a hacerlo con inusitada frecuencia.

Festejemos la eliminación de las restricciones. Transitemos la “nueva normalidad” sabiendo que nos exige una vida social consciente y no consentida. No vivamos una libertad tutelada ni titulada según la ocasión y los intereses sectoriales. 

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Opinión Carlos Bramante
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