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Mariana Iglesias

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¿Parejas?: entre los estereotipos y el cliché

Si no fuera porque se dio en redes sociales, la discusión de Wanda, Icardi y la china Suárez parece de otro siglo.

Con tantos avances sociales y culturales aún hay temas que parecen anclados en el tiempo. Aún recuerdo a la madre de una amiga cuando nos dijo que teníamos que hacernos "respetar como mujeres", que sus hijos varones “respetaban” a sus novias y que para “hacer eso” iban con “las otras”. Eran los '80 y ya sonaba retrógrado. 

Históricamente se aceptó esta construcción cultural machista de una suerte de “necesidad” varonil irrefrenable, casi animal, que les ha servido como justificación para tener amantes, consumir y pagar por sexo. A nadie parece perturbar que haya mujeres exhibiéndose en esquinas, a medio vestir -y con hambre de comida real- esperando ser “levantadas” por varones que sufren otro tipo de “necesidades básicas insatisfechas”.

¿Cuántos millones de esposas han tenido que aguantar en silencio que hubiera “otras”? Si hasta había que ponerse el apellido de ellos. Quedan resabios, por eso sigue tan vigente que digan “mi mujer”. La mujer como posesión, el varón como dueño, “amo y señor”.

Mujeres peleándose por un varón parecía un cliché superado. Pero a muchos les gusta la lucha en el barro y la fomentan, que “se maten entre ellas”. De paso se levanta la autoestima a la cofradía masculina que sigue bancando el sostenimiento de los privilegios. Hay mujeres que siguen bajo las reglas del patriarcado, son funcionales al cien por ciento. Son las que se enojan sólo con escuchar la palabra "feminista". 

Hay cada vez más mujeres que aspiran a la igualdad, en todos los órdenes, el sexual también. Muchos varones las rechazan. Se ponen hasta violentos. Sobran los ejemplos de los femicidios que ocurren porque las parejas quisieron dejarlos o se enteraron que les eran "infieles". Las mujeres no pueden desear ni tener fantasías. No les está permitido.

También están los que culpan a “la sororidad” por la "falta de amantes".

"Puta", "roba maridos", "rompe hogares". ¿En serio? ¿Y qué hay de ellos? Una mueca de sonrisa canchera que significa que no pueden resistirse. Los estereotipos que persisten y eternizan al patriarcado.

En “Señora de nadie”, Leonor (Luisina Brando) descubría la infidelidad de su marido y lo dejaba, se iba. Ella, “ama de casa”, empezaba a trabajar y por primera vez se miraba a sí misma. La película de María Luisa Bemberg fue disruptiva 40 años atrás. Aún hoy lo parece.

​Del puritanismo a la extinción. No se sabe qué hacer frente a la cuestionada institución matrimonial. ¿Y si probamos con diálogo, igualdad y libertad?