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Carlos Bramante

Autor

SIN BARBIJO

"La pandemia no terminó"

Dejó de ser obligatorio el barbijo en la vía pública. Otro paso en la incipiente post-pandemia. Un logro de todos pero con héroes a los que no podemos defraudar. El coronavirus no desapareció. La tercera ola es una amenaza latente y tiene fecha. 

La afirmación del título, y con comillas, es el resultado de la frase más pronunciada por oyentes de RADIO DOS. La misma actitud ratifican se evidencia en redes sociales. Y más importante aún, es la expresión insistente de profesionales de la salud y directivos de los hospitales.

Un fruto que maduró gracias a la responsabilidad de la mayoría de los correntinos. La dureza de la pandemia alentó una conducta que transmite tranquilidad a futuro. Tampoco otorga chances para bajar los brazos y dejar de ser críticos con los que optan por una “liberación” total de las medidas sanitarias. 

Solo necesitamos verificar antecedentes de métodos preventivos en desuso y que marcan dolorosas huellas en nuestra sociedad. Entre ellas, el no uso del casco en los motociclistas, la violación de la velocidad máxima en vehículos o la presencia de conductores alcoholizados en las calles. Prácticas que vuelven a causar el aumento de víctimas en siniestros viales. 

Esa siniestralidad hay que evitar recordando la diferencia con la palabra accidente. De esa forma, no seremos protagonistas de una tercera ola que vuelva a comprometer la salud de los correntinos. 

Debemos ser conscientes que ahora cada uno de nosotros puede elegir el camino adecuado. El error de cálculo, en momentos de bifurcación, nos pondrá a salvo o nos condenará a repetir una de las etapas más dolorosas de la humanidad. 

Si en esta incipiente post-pandemia nos contagiamos por “accidente” estaremos en problema. Repetiremos la historia del hombre que “tropieza con la misma piedra” y volveremos a “chocar nuestras narices” contra el dolor. Terminaremos siendo, directa o indirectamente, autores de un “siniestro” sanitario. 

No dejemos de observar los brotes puntuales de la semana pasada: en capital y el interior. El virus no desapareció, permanece agazapado y sabe de nuestros errores. Conoce el temperamento “invencible” que aflora cada vez que se debilita la tormenta. 

El coronavirus sigue siendo indescifrable en su totalidad. Su “inteligencia” es superior a la que tenemos los humanos en general. Y en particular, reconoce que los argentinos padecemos del “síndrome de gataflorismo”, muy presente a lo largo de la pandemia.

Este último, fue evidente en una porción de la dirigencia política y de la sociedad. La primera no dudó en ubicarse o cambiarse de vereda de acuerdo a encuestas electorales. Y la segunda, acomodaba su proceder a los discursos del momento. Sin olvidar que en la prensa tampoco hicimos una autocrítica sobre la forma de comunicar las noticias. 

En el periodo más elevado de contagios hubo políticos que alentaban a desechar las medidas de prevención y sus críticas rozaban sobre la efectividad de las vacunas. Varias al borde de una campaña antivacunas con consecuencias visibles. Y otras, rayanas con el lobby a favor de laboratorios privados, potenciando o menoscabando, determinadas de las vacunas.

Miremos una estadística del Hospital de Campaña de las últimas semanas. El Servicio de Infectología informó que el 35 % de los fallecidos no se vacunó. Al ser consultados sobre los motivos, argumentan la falta de seguridad en las vacunas. 

No podemos olvidar a nuestros héroes de la salud. Padecieron un calvario para el que ninguna universidad los preparó. Las secuelas podrían ser crónicas. Muchos no olvidarán las corridas y los brazos insuficientes para atender tantos pacientes. 

El personal de la salud peleó minuto a minuto contra la muerte. Y en una autocrítica, que no debemos permitirles, pueden sentirse responsables de tantos muertos. Hicieron y hacen lo imposible para que nuestra torpeza no vuelva a ubicarlos en la misma tragedia.  

Propongo a las autoridades educativas y directivos a revisar algunas actividades. Haber recuperado la presencialidad es un logro que no puede despilfarrarse. A tan poco tiempo de concluir el ciclo lectivo parecen innecesarios viajes, campamento, y/o exhibiciones. 

Más allá de la voluntad del docente, el otro héroe de la pandemia, se dificulta el adecuado control de grupo. Incluso, los costos que demandan, parecen intolerantes con las desgastadas economías familiares. 

La tercera ola ya ocurrió o comienza en otros lugares del mundo. El aumento de casos obliga a varios países a retroceder con las aperturas realizadas. En Argentina, y frente al aumento de la variante Delta, ya hay especialistas que le ponen fecha: marzo de 2022.

El actual escenario se consolidará si los contagios no vuelven a crecer. Eso ocurrirá, si no abandonamos las medidas preventivas voluntarias. Solo así, seremos vencedores del coronavirus y héroes de un periodo en la evolución de la humanidad.