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Carlos Bramante

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Elecciones

Votar es un derecho, la obligación es elegir mejor

Este domingo definimos nuestros Diputados y Senadores Nacionales. En el Congreso deben sancionarse leyes para vivir mejor. Es el único Poder de la democracia que reúne el pensamiento de todos. Elijamos a los más hábiles para debatir y consensuar. 

Quizás nuestra educación cívica no fue suficiente, en cuatro décadas de democracia ininterrumpida, para comprender la importancia del Poder Legislativo. No aprendimos que allí estamos representados todos los habitantes y su desenvolvimiento, dinámico y armónico, contribuirá al progreso del país. 

Los proyectos convertidos en leyes, previo debate y consenso, pueden suplir la carencia de políticas gubernamentales y solucionar las necesidades coyunturales y estructurales. Desde los "flacos" bolsillo hasta la maldita inseguridad que se lleva vidas inocentes. Desde la falta de trabajo hasta la pobreza que agobia a millones de argentinos. Y otras realidades que podríamos relatar pero, la ausencia de oídos, nos lleva a reaccionar con apatía electoral. 

Tenemos un sistema presidencialista que necesita modernizarse pero no impide que Diputados y Senadores Nacionales elaboren las normas que regulen y controlen al resto de los poderes.

Para eso, se necesitan legisladores decididos a promover un cambio sostenido en el tiempo. No hacen falta estrategas ni lobistas de intereses escondidos en campaña y sacados de "la galera" al ocupar las poltronas del Congreso. 

Invisible estrategia digna de superhéroes pero que dista mucho de un resultado ideal para la comunidad. Terminan amontonados en "bloques de villanos" defendiendo intereses individuales o de sus referentes políticos. 

El analista Ricardo Rouvier decía, en dialogo con Raúl Acevedo en Radio Dos, que los políticos saben del enojo social por su deficiente desempeño. De ser así, estaríamos en presencia de una dirigencia que abusa de la generosidad del voto de los argentinos. Y termina practicando una mala praxis que nos sumerge en las persistentes penurias. 

El párrafo anterior podría ser el motivo de la conveniencia y convivencia eterna con las históricas y promocionadas grietas. Esas mismas que nos dividen y, muchas veces, terminan enfrentándonos en beneficio de una clase dirigente "atornillada a sus nichos" de poder. 

No importa que sean oficialistas u opositores. La gestión individual nos hace pensar que su productividad solo busca conservar un cómodo Status Quo. Hay pocos ejemplos de legisladores que hayan intentado romper con ese "aislamiento" de la sociedad. Saltar la trinchera, o intentar hacerlo, tuvo consecuencias y los devolvió a la tranquilidad de sus partidos políticos o los eyectó del sistema. 

Esta última realidad explica la apatía de la sociedad por la política. No alcanzan las repetidas invitaciones de algunos dirigentes. Los antecedentes hacen que las pocas ganas se diluyan con solo dar los primeros pasos. 

No quedan dudas que se necesitan dirigente con valentía para quebrar "el orden" establecido. Ese mismo que nos termina cegando a los argentinos y nos lleva a convivir con un pesimismo persistente. Pareciera el resultado menos necesitado pero el más ansiado por la dirigencia. Solo así explicaríamos nuestro comportamiento de consultorio profesional, sin escalas, pasamos de gritar "que se vayan todos"  a amenazar con "irnos todos del país". 

Debido al agotamiento cívico que padecemos, y no descarto que sea deliberado por algunos sectores políticos, se escuchan voces para prolongar los periodos de gobierno y renovar los cuerpos legislativos de forma simultánea con la asunción de los cargos ejecutivos. 

Se trataría de un error que facilitaría la gestión gubernamental de quienes aspiran a convertir el Poder Legislativo en "oficinas de timbrado". Solo ayudaría a la ejecución de los objetivos nunca promocionados en las plataformas electorales. 

Muchas veces se habló de un Congreso de la Nación transformado en "escribanía" del gobierno de turno. Indudablemente, es el error causado por nuestro modo de elegir. Estimulados por una gestión que suponemos exitosa, votamos boleta completa y olvidamos el necesario equilibrio entre los poderes. 

Un crecimiento cívico pendiente entre los argentinos. Un salto cualitativo que nos debemos a la hora de elegir nuestros representantes pero que no podemos solucionar con una peligrosa involución. 

Tampoco dejo de reclamar otras reformas necesarias. Entre ellas, la eliminación de las listas sábanas o la abundancia de partidos políticos que confluyen en alianzas electorales que solo profundizan las grietas. 

No alcanza con debatir si la cantidad de legisladores es la necesaria o si son demasiado onerosos para las arcas de un estado que exprime el bolsillo de los contribuyentes. Solo necesitamos comprender que ir a votar es un derecho con una sola obligación: elegir cada vez mejor.