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Muerte del ídolo

Los Diegos, la contradicción y el Maradona que elijo

Hay muchos “Diego” en la vida de Diego Armando Maradona, facetas que componen su mito, su leyenda, su vida. Algunos Diegos representan magia, ilusión, esperanza, otros generan cuestionamientos varios, y hay otros tantos que, en lo personal, generan un rechazo eterno.

Es justamente todo eso, lo que forma la vida de “pelusa”, y que lo transforma en lo que fue: un ser humano, un argentino. No busco argumentar sus vicios, sus actitudes, ni sus defectos.
Pero en la contradicción que genera la palabra “Maradona” y su mundo, elijo quedarme con un instante: el Diego de Fiorito, el que salió de abajo, el que rompió todos los pronósticos, el que soñaba jugar un mundial.

Me quedo con el Diego de aquella edición de los Juegos Evita, en la que se lo ve consolando a un joven más grande, a Alberto Pacheco, correntino, que se lamentaba haber perdido la final del torneo de futbol ante Entre Ríos. Ese Diego, que comprendió la tristeza del otro, el que jugaba para divertirse, sin saber lo que le deparaba el destino.



Me quedo con el Diego con hambre, con esa familia que dejó Corrientes para buscar un mejor pasar, con sus sueños a cuestas, como tantas veces nos pasa a los salimos de casa buscar nuestro futuro. Me quedo con ese Diego que le hizo honor a la frase “el futbol da revanchas”, y nos dio 90 minutos de esa revancha, de una guerra tan injusta que duele y nos seguirá doliendo hasta el fin de los tiempos. Esos 90 minutos en el que el pueblo pareció recuperar su soberanía, el de las Malvinas. 

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“Pelusa”, el que cargó en sus puños de festejo de gol la angustia, el desahogo, el dolor de un pueblo. Al que no le pesó levantar ese puño, y que a pesar de todo, nos sacó una sonrisa.
Me quedo con ese Diego rebelde, el que rompe los sitemas establecidos, el que pide la pelota y va para adelante, el que abrazó las causas del pueblo argentino. Me quedo con el que supo ser el abranderado de nuestros sueños, y el más valiente guerrero.

Los héroes de Malvinas, los desaparecidos, y los grandes de nuestro país, tendrán un jugador más para jugar su picadito en el cielo. Ahora los que amamos el futbol vamos a tener a alguien mas a quien rezarle para ganar un partido, un campeonato o por qué no, un mundial más.
Me quiero quedar con ese Diego, el que me llevó a soñar, a reir y a llorar, incluso ahora. Ese Diego: a veces mágico, a veces cuestionable, a veces repudiable. Muchos dirán que es sólo futbol, pero no, no es solo futbol. Es la historia de un país.

Me quedo con esos 90 minutos de gloria, que significan para muchos la película más feliz de la historia argentina