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Coronavirus

La Iglesia advierte: las restricciones sanitarias dispararon las adicciones

Presentó una declaración en la villa 31 y expresó su preocupación por el fuerte aumento del consumo de drogas.

La pandemia provocó hasta ahora 92 mil muertes, mientras que las restricciones sanitarias deterioraron aún más realidades sociales que ya venían siendo muy preocupantes como la pobreza y la desocupación, a lo que se sumó que cientos de miles chicos perdieron en 2020 la escolaridad. Pero hubo otra problemática igualmente muy inquietante que también se agravó y de la que no se habla: la referida a las adicciones y la drogadependencia.

 Con motivo de haber sido este sábado el Día Internacional Contra las Adicciones y la Drogadependencia, la Iglesia salió a advertir sobre este agravamiento en el último año para tratar de contribuir a una toma de conciencia de toda la sociedad. Es que, lejos de ser solo una cuestión policial, requiere una respuesta integral que va desde la prevención pasando por las terapias de recuperación y llegando a la reinserción.

 No es un secreto que el consumo de sustancias adictivas hace tiempo que está creciendo en el país. Sondeos de la Secretaría de Lucha contra la Drogadicción y el Narcotráfico (SEDRONAR) lo confirman. Como tampoco que la actividad narco se fue extendiendo y fue infiltrando a miembros de las fuerzas de seguridad y políticos. Además de que creció la tolerancia social ante ciertos consumos.

De hecho, sobre esto último, la Iglesia critica que se propague en la sociedad “un inmanente sentido de aceptación e inocuidad acerca del cannabis, su despenalización y sus usos” (más allá de lo medicinal) y considera que la marihuana “debería ser puesta en el contexto de la pandemia de las drogas para no minimizar los riesgos de su uso problemático que nada tiene de saludable”.

La declaración de la Iglesia fue presentada en la villa 31 de Retiro precisamente porque observa que en los barrios populares hubo un fuerte aumento del consumo, especialmente en niños y jóvenes, como consecuencia del cierre de escuelas, clubes y capillas a raíz de las restricciones sanitarias. Es que esos ámbitos, señala, actúan como efectivos lugares de contención.

 En ese sentido, apunta que “en lo cotidiano nos dimos cuenta cómo, con las restricciones de todo orden generadas por la pandemia de COVID -19 y las medidas políticas que se implementaron para abordarla quedaron huérfanos nuestros barrios”. Y redondea el diagnóstico: “Con alarma -afirma- comprobamos que se encuentran a la intemperie no solo física, sino también existencial”.

    Firmada por organizaciones como Cáritas, los Hogares de Cristo -que en sus 200 sedes en todo el país atienden a más de 20 mil adictos en recuperación- y por los curas villeros, en la declaración se deja en claro que se habla de esta problemática desde “el cotidiano encuentro con este dolor” y “los relatos de desgarro, desesperación, impotencia o vivencia de desamparo”.

Señala, además, que en los barrios populares la expansión de las adicciones -y todo lo que se produce a su alrededor- no solo tiene un efecto nefasto a nivel individual. “Van rompiendo -dice- los lazos sociales de nuestras comunidades y detonan como bombarderos los valores fundamentales que nos unen como comunidad: la solidaridad, la fraternidad, la misericordia, la caridad”.

La Iglesia aclara que el flagelo de la drogadicción no se resolverá con respuestas parciales, mucho menos -subraya- “ante una situación social desesperante”. “En estos años -afirma- pudimos ver una sociedad y un Estado cada vez más fragmentados en sus respuestas. Esto permite sospechar que no se comprende la complejidad y gravedad constitutiva del problema”.

La cuestión es enfrentar esta problemática en su integridad. Porque, por ejemplo, hay mucho rechazo a acoger al adicto recuperado, apunta Pablo Vidal, coordinador de los Hogares de Cristo. Y lo primero, reza el texto, es que los grandes actores de la vida pública y los medios de comunicación lo pongan sobre el tapete. Porque “la drogadicción es una pandemia silenciada”.

Si se tiene en cuenta, como dice la declaración, que la pobreza “tiene una alta incidencia en las adicciones” y que en el gran Buenos Aires el 75 % de los menores es pobre (última estimación de la UCA), se puede evaluar en toda su dimensión la gravedad que proyecta este flagelo. Que, como destaca la Iglesia, “mata de la peor manera”.

Fuente: TN